La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, ha presentado un ambicioso plan fiscal que busca imponer un recargo a las segundas residencias de propietarios adinerados en la ciudad. Este nuevo impuesto, diseñado para aplicarse a cooperativas y condominios con un valor fiscal de al menos un millón de dólares, se enmarca dentro de un esfuerzo más amplio por parte del Estado para aumentar la recaudación fiscal y atender necesidades urbanas cruciales.
La propuesta, que fue expuesta ante líderes legislativos estatales, contempla una implementación en dos fases. Durante los próximos dos años, las propiedades que cumplan con el criterio del valor fiscal enfrentarán un recargo impositivo que oscilará entre el 4% y el 6,5%. Este porcentaje se sumará a las obligaciones existentes relacionadas con el impuesto inmobiliario, lo que podría significar un impacto considerable en los propietarios de estas lujosas residencias.
Es importante destacar la diferencia entre el valor fiscal y el valor de mercado real de las propiedades, que puede ser bastante significativa, especialmente en el segmento de lujo. La administración estatal ha señalado que un valor fiscal de un millón de dólares podría corresponder a un precio de venta de alrededor de cinco millones, aunque en algunos casos la disparidad es aún mayor. Un ejemplo emblemático es el de un penthouse en Manhattan que, con un valor fiscal de 4,2 millones de dólares, se vendió por más de 135 millones en el año 2024.
Hochul ha proporcionado ejemplos concretos para ilustrar cómo funcionará el nuevo impuesto. Un condominio con un valor de venta estimado de 18,5 millones podría tener un valor fiscal de solo 1,1 millones, lo que significaría que el propietario tendría que abonar un recargo de aproximadamente 45.115 dólares, basado en el 4% del valor fiscal. Este tipo de medidas busca que los propietarios de viviendas de lujo contribuyan de manera más equitativa al sistema fiscal de la ciudad, que enfrenta desafíos económicos y sociales.
El plan, que tiene como objetivo recaudar 500 millones de dólares anuales, ha suscitado diversas reacciones en el sector inmobiliario. Jason Haber, un destacado corredor de bienes raíces y cofundador de la American Real Estate Association, ha manifestado su preocupación por la complejidad del nuevo sistema impositivo. Según él, si bien se ha avanzado en tecnología espacial, el sistema tributario de la ciudad parece no reconocer la complejidad que podría traer esta nueva estructura, lo que podría dificultar su implementación efectiva.
La segunda fase del impuesto se prevé que introduzca un método distinto para determinar qué propiedades estarán sujetas al recargo. A partir de los dos años iniciales, se utilizará una combinación del valor de venta estimado de las propiedades, lo que requerirá la creación de un nuevo sistema de valuación. Hochul ha propuesto tasas diferenciadas: 0,8% para propiedades entre 5 y 15 millones de dólares, 1,05% para aquellas entre 15 y 25 millones, y una tasa máxima del 1,3% para apartamentos que superen los 25 millones.
En este contexto, el debate sobre el nuevo impuesto a las viviendas de lujo está lejos de concluir. Los legisladores y expertos del sector inmobiliario continúan analizando las implicancias de la propuesta, tanto en términos de justicia fiscal como de su posible impacto en el mercado de bienes raíces de Nueva York. A medida que se avanza en las discusiones sobre esta medida, queda claro que la administración de Hochul busca no solo aumentar la recaudación, sino también abordar las desigualdades que persisten en una de las ciudades más ricas del mundo.



