En Argentina, el umbral de ingresos para que una familia tipo se ubique entre el 10% de los hogares con mayores recursos ha sido establecido en $3.644.000 mensuales, según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Esta cifra, correspondiente al cuarto trimestre de 2025, define el ingreso mínimo requerido para acceder a este decil en las principales áreas urbanas del país. Este análisis no solo pone de manifiesto el poder adquisitivo de una pequeña porción de la población, sino que también resalta las profundas desigualdades económicas que caracterizan al país.
El rango de ingresos para las familias dentro de este grupo de mayor poder adquisitivo oscila desde el mínimo mencionado hasta cifras que alcanzan los $25.900.000 mensuales, con un promedio de $5.621.438. Es importante destacar que el décimo decil está conformado por 1.004.001 hogares, que representan el 10% del total, lo que equivale a 3.460.545 personas, o sea, el 11,6% de la población analizada. Estos datos reflejan no solo la disparidad económica, sino también la concentración de la riqueza en manos de unos pocos.
En contraposición a este grupo privilegiado, se observa que el 62,6% de la población -aproximadamente 18,8 millones de personas- recibe algún tipo de ingreso, cuyo promedio general se sitúa en $1.011.863. Al desglosar esta cifra por niveles de ingreso, se evidencia que los hogares en los deciles más bajos (del 1 al 4) ganan un promedio de $351.028, mientras que aquellos en el rango medio (deciles 5 a 8) alcanzan los $940.586. En el extremo opuesto, los deciles 9 y 10, que incluyen a los hogares más ricos, tienen un ingreso promedio de $2.476.247.
Además, se revela una diferencia notable entre los ingresos de hombres y mujeres dentro de la población que percibe ingresos. Los varones tienen un ingreso promedio de $1.191.364, en comparación con los $838.336 que obtienen las mujeres. Esta disparidad de género es un aspecto crítico en el análisis de la economía argentina, ya que plantea interrogantes sobre la equidad en el acceso a oportunidades laborales y la remuneración.
Al observar los datos de los deciles, la brecha de ingresos se hace aún más evidente. El noveno decil, que incluye hogares con ingresos que oscilan entre $2.670.000 y $3.644.000, presenta un promedio de $3.095.222. Por su parte, el octavo decil abarca ingresos de $2.100.000 a $2.670.000, con un ingreso medio de $2.367.780. En contraste, el primer decil, que agrupa a los hogares con menores ingresos, muestra un rango que va de $3.000 a $566.000, con un promedio de $374.278. Esta diversidad dentro de los deciles subraya la complejidad de la situación económica del país.
El ingreso promedio de la población ocupada se sitúa en $1.068.540, con una mediana de $800.000, que coincide con el límite superior del quinto decil. En los cuatro deciles más bajos, el promedio se reduce a $392.439, mientras que para los deciles del medio (5 a 8) es de $1.016.016 y para los más altos (9 y 10) asciende a $2.526.316. Estos números no solo reflejan la situación actual, sino que también presagian desafíos futuros en términos de equidad y desarrollo económico.
En términos de empleo, el total de asalariados en el país asciende a 9,5 millones, con un ingreso promedio de $1.082.635. Entre ellos, aquellos que realizan aportes al sistema jubilatorio obtienen un ingreso promedio de $1.321.353, mientras que los que no aportan alcanzan los $651.484. La estructura de ingresos laborales en los hogares revela que el 79,2% proviene de salarios, mientras que los ingresos no laborales representan el 20,8%, lo que indica una dependencia significativa de los trabajos formales para la estabilidad económica.
Finalmente, es pertinente señalar que el índice de Gini, que mide la desigualdad en el ingreso per cápita familiar, se ubicó en 0,427, una ligera disminución respecto al 0,430 registrado anteriormente. Este indicador es crucial para entender la dinámica de la distribución de la riqueza en Argentina y plantea interrogantes sobre las políticas económicas necesarias para abordar las disparidades existentes y promover un crecimiento más equitativo.



