Un reciente análisis de Oxfam Intermón revela que seis de las más grandes empresas petroleras del mundo, entre las que se encuentran Chevron, Shell, BP, ConocoPhillips, Exxon y TotalEnergies, previsiblemente generarán unos ingresos impresionantes de aproximadamente 94.000 millones de dólares en 2026. Esta cifra se traduce en cerca de 3.000 dólares por segundo, lo que representa un notable incremento de casi 37 millones de dólares diarios en comparación con el año anterior. Este informe se presenta en un momento crucial, justo antes de la Primera Conferencia Mundial sobre la Transición hacia la Eliminación de los Combustibles Fósiles, que se celebra esta semana en Santa Marta, Colombia, subrayando la urgencia de abordar la crisis climática y la dependencia de los combustibles fósiles.

El estudio enfatiza que las ganancias proyectadas por estas corporaciones son suficientes para proporcionar energía solar a cerca de 50 millones de personas en África. Sin embargo, a pesar de estos beneficios extraordinarios, la organización destaca una alarmante desconexión entre la riqueza generada por estas empresas y la creciente pobreza energética que enfrentan muchas familias en todo el mundo. Esta situación se ve exacerbada por la inestabilidad geopolítica y los conflictos internacionales, lo que resalta la necesidad de un cambio urgente en la política energética global.

Un dato inquietante que se desprende del informe es que una gran parte de estas ganancias se concentra en el 1% más adinerado de la población mundial, mayormente ubicado en el norte global. Esta concentración de riqueza no solo agrava la desigualdad existente, sino que también perpetúa la dependencia global de los combustibles fósiles. La situación es insostenible y plantea serias preguntas sobre la justicia social y ambiental en el contexto de la transición energética necesaria.

En un contexto complementario, Oxfam realizó una encuesta en siete países, revelando un creciente apoyo social para la transición hacia energías renovables. Los resultados muestran que el número de personas que abogan por una mayor inversión gubernamental en tecnologías limpias es tres veces mayor que aquellos que apoyan un aumento en la extracción de combustibles fósiles. Este cambio de opinión público podría ser un indicativo de un cambio más amplio en la conciencia sobre la necesidad de adoptar políticas energéticas más sostenibles.

Un 68% de los encuestados también se muestra a favor de aumentar los impuestos sobre las ganancias de las grandes petroleras para financiar esta transformación energética. Mariana Paoli, responsable de políticas climáticas de Oxfam, enfatiza que es crucial gravar a los contaminadores más adinerados que no tienen intención de invertir en un futuro limpio. En este sentido, los gobiernos presentes en Santa Marta tienen la responsabilidad de dar un giro significativo a la era de los contaminadores.

A pesar de los beneficios récord, algunas de estas grandes corporaciones han comenzado a reducir sus compromisos climáticos, lo que resulta preocupante. Exxon Mobil, por ejemplo, ha anunciado un recorte drástico en su inversión en proyectos de bajas emisiones, mientras que TotalEnergies ha declinado adoptar un plan que se alinee con el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 ºC. Esto plantea serias dudas sobre la voluntad de estas empresas para contribuir a la solución de la crisis climática, en lugar de perpetuarla.

Frente a este panorama, Oxfam hace un llamado a los gobiernos para aumentar la financiación pública destinada al clima, instando a que se ponga la justicia en el centro de la transición energética mediante principios de desinversión responsable. La organización también aboga por la implementación de una hoja de ruta que priorice la equidad, lo que resulta vital para asegurar que la transición hacia un futuro energético más limpio y justo no deje a nadie atrás.