A lo largo de los primeros meses de 2025, las importaciones argentinas experimentaron un notable crecimiento que llegó a alcanzar un 40% interanual. Sin embargo, este fenómeno comenzó a ralentizarse en el segundo semestre del año, finalizando diciembre con un incremento modesto del 3,5%. En el inicio de 2026, la situación se tornó aún más preocupante, con un descenso acumulado del 11,9% en las compras al exterior, según los últimos datos de la balanza comercial difundidos por el Indec. Esta tendencia plantea interrogantes sobre las razones detrás de esta desaceleración en un contexto donde, a priori, se esperaba un repunte por la apertura comercial y la apreciación del peso argentino.
El análisis de la evolución de las importaciones revela que, si bien las bases de comparación son relevantes, la demanda ha disminuido considerablemente, especialmente durante el segundo semestre de 2025. La producción industrial ha cedido ante la falta de insumos requeridos, a lo que se suma una caída en la inversión que impacta directamente en las compras de bienes de capital. Además, el consumo de combustibles ha disminuido y el sector de bienes de consumo se encuentra saturado, llevando a los importadores a acumular un stock excesivo que no logra ser vendido. Esta situación genera un efecto en cadena, donde la reducción de compras al exterior se hace evidente.
De acuerdo a las cifras oficiales, las importaciones en los dos primeros meses de 2026 alcanzaron los USD 10.231 millones, lo que significa una caída notable respecto a los USD 11.617 millones de igual período del año anterior. En contraste, las exportaciones muestran una tendencia al alza, propiciando que el superávit comercial crezca de USD 438 millones en el primer bimestre de 2025 a USD 2.977 millones en el mismo lapso de 2026. Este fenómeno, donde las exportaciones crecen mientras las importaciones se contraen, refleja un cambio en la dinámica económica del país.
Es importante destacar que la disminución en el valor de las importaciones se debe a la reducción en las cantidades adquiridas, a pesar de que los precios han mostrado incrementos durante los meses analizados. En febrero, se observó que, salvo en el sector automotriz, donde el volumen creció apenas un 1,5%, el resto de las categorías presentaron caídas significativas. Por ejemplo, los bienes de capital sufrieron una disminución del 22,9%, mientras que los bienes intermedios cayeron un 5%, y los combustibles y lubricantes un 17,2%. Asimismo, las piezas y accesorios para bienes de capital experimentaron una merma del 29,4%, y los bienes de consumo final también se vieron afectados con una baja del 3,3%.
El economista Lorenzo Sigaut Gravina, de la consultora Equilibra, relaciona la caída en las importaciones con el nivel de actividad económica. A pesar de que algunos indicadores han mostrado ligeras mejoras, excluyendo sectores como la agricultura, la pesca y la minería, la gran mayoría de la economía se mantiene estancada. Según Gravina, la demanda interna se encuentra debilitada, con salarios que han perdido poder adquisitivo frente a la inflación y un mercado laboral que presenta signos de deterioro.
En este contexto, es fundamental considerar que los sectores que han impulsado la actividad económica, como la minería y la agricultura, tienen una baja dependencia de insumos importados. Estas industrias pueden generar divisas sin requerir grandes volúmenes de compras externas, lo que limita el crecimiento de las importaciones. Por el contrario, la industria manufacturera, que depende en mayor medida de insumos del exterior, enfrenta un panorama más complicado, lo que podría repercutir en futuras decisiones de inversión y en el dinamismo del comercio exterior argentino.



