Un estudio dirigido desde el Real Jardín Botánico-CSIC determinó que las glaciaciones del Cuaternario influyeron de manera profunda en la distribución de la diversidad genética de un grupo de amebas con caparazón, conocidas como Arcellinida, en la Península Ibérica. El trabajo fue publicado en la revista Molecular Ecology y cuestiona la idea de que los microorganismos se dispersan ampliamente sin encontrar barreras geográficas.

A partir del análisis de la diversidad genética de estas amebas terrestres a lo largo de la Península, los investigadores establecieron que sus poblaciones están marcadas por las grandes glaciaciones ocurridas durante los últimos dos millones de años. El hallazgo indica que los cambios climáticos del Cuaternario también dejaron una huella en la historia evolutiva de los eucariotas microbianos.

Las glaciaciones ya habían sido reconocidas como un factor decisivo en la biogeografía de plantas y animales, pero su impacto sobre los microorganismos todavía había sido poco estudiado. En este trabajo, el equipo puso a prueba el paradigma del “legado genético del Cuaternario” en protistas terrestres mediante el estudio de las amebas del orden Arcellinida.

La Península Ibérica fue utilizada como área de análisis por su condición de refugio glacial establecido. Aunque los grandes casquetes de hielo no cubrieron la región durante aquellos períodos fríos, el clima se volvió considerablemente más frío y seco, una transformación que, de acuerdo con los resultados, también condicionó la distribución de estas formas microscópicas de vida.