El debate en torno a la estanflación ha cobrado fuerza en la economía argentina, especialmente en un contexto donde el Banco Central ha implementado medidas drásticas para frenar la inflación. A partir de un enfoque tradicional que sostiene que restringir la emisión monetaria debería resultar en una caída de los precios, se ha llevado a cabo una política de contracción de la liquidez. Sin embargo, un análisis del Informe Monetario Mensual de febrero de 2026, junto con datos recientes sobre precios, muestra una situación inquietante: la estrategia no está logrando su objetivo primordial de estabilizar los precios, y sus efectos colaterales están generando un daño considerable en la economía real.

En los últimos meses, el Banco Central ha intensificado sus esfuerzos por secar la circulación de pesos, lo que se refleja en una contracción de la Base Monetaria del 0,8% en febrero, acumulando seis meses de retrocesos. Este descenso ha llevado a que la Base Monetaria represente apenas el 4,0% del Producto Interno Bruto (PIB). Las acciones del fisco, en conjunto con el Banco Central, han buscado retirar dinero de circulación mediante licitaciones del Tesoro y operaciones de mercado abierto. La teoría sugiere que esta estrategia debería debilitar la inflación, pero los resultados no están a la altura de las expectativas.

A pesar de la disminución de la oferta monetaria, la inflación se muestra resistente y persistente. Factores como la inercia inflacionaria y la falta de expectativas económicas sólidas han provocado que, aunque hay menos pesos en circulación, estos se muevan más rápidamente, lo que exacerba la situación inflacionaria. Además, aunque el informe oficial menciona un leve aumento del 0,2% en el crédito total, la realidad es más compleja: las líneas de financiamiento más críticas para las empresas han visto una caída del 1,8% en términos reales, lo que indica que la falta de liquidez persiste en un contexto que debería ser de estabilidad.