En un contexto internacional marcado por la inestabilidad en Medio Oriente, Argentina se enfrenta a un panorama complicado en el sector energético. El precio del barril Brent ha superado los 110 dólares, lo que ha llevado a las principales petroleras del país, encabezadas por YPF, a establecer un acuerdo temporal con el fin de estabilizar los precios de los combustibles durante un periodo de 45 días. Este pacto, sin embargo, está destinado a enfrentar numerosos desafíos, especialmente dado que el conflicto en la región podría extenderse más allá de lo previsto, complicando aún más la situación.

Este intento de contener los precios llega en un momento en el que el gobierno nacional ha decidido implementar un aumento en la carga tributaria que afecta directamente a cada litro de combustible vendido. A partir de mayo, se actualizaron los impuestos sobre los combustibles líquidos y el dióxido de carbono, lo que se traduce en un incremento de aproximadamente 11 pesos por litro para las naftas y de 10 pesos para el gasoil en la Ciudad de Buenos Aires. Estos ajustes impositivos no solo impactan en el precio final que paga el consumidor, sino que también representan un reto para el acuerdo de precios, ya que generan una presión adicional sobre las compañías del sector.

La proyección de precios sugiere que la nafta súper de YPF podría alcanzar los 2.010 pesos por litro en la Ciudad de Buenos Aires, una cifra que antes se observaba mayormente en provincias del interior del país. En el segmento de combustibles premium, las tarifas de empresas como Shell o Axion podrían elevarse hasta los 2.390 pesos. Esta nueva realidad podría acentuar la discrepancia entre la producción local y el consumo, como advierte el tributarista Sebastián Domínguez, lo que podría resultar en una configuración del mercado aún más compleja.

En paralelo, el mercado interno de combustibles muestra signos de desaceleración considerable. Tras una leve recuperación interanual de 2,1% en abril de 2025, impulsada por la demanda de productos premium, los datos más recientes indican una caída del 1,8% en las ventas de combustibles en marzo de 2026. Este descenso ha sido particularmente evidente en la nafta súper, que experimentó una baja del 4,1% en el mismo mes, afectada por la disminución del poder adquisitivo de los consumidores y restricciones en el uso del automóvil.

Este cambio en el comportamiento del consumidor ha llevado a una preferencia por opciones más económicas. Según datos del portal Surtidores, YPF fue la única empresa que logró un leve crecimiento en sus ventas interanuales, del 1%, mientras que Shell enfrentó una caída del 3,7% y Dapsa se vio afectada con un desplome del 10,3%. Este panorama contrasta notablemente con el de abril de 2025, donde la competencia entre las empresas era más intensa y las marcas privadas lograban los mayores incrementos en ventas. Actualmente, la prioridad de los consumidores parece estar centrada en el precio en lugar de la marca, lo que podría reconfigurar el sector en el futuro.

En cuanto a la producción de petróleo, las cifras de marzo indican que se alcanzaron 138.282 metros cúbicos diarios, lo que representa un aumento del 0,6% en comparación con el mes anterior, según el análisis de OilProduction Consulting. Este leve repunte en la producción podría ofrecer un respiro momentáneo al sector, aunque las proyecciones a largo plazo dependen en gran medida de la estabilidad de los precios internacionales y de la capacidad del país para manejar su propia demanda interna en un entorno cada vez más volátil.

En conclusión, el sector de los combustibles en Argentina se encuentra en una encrucijada. Con el aumento de impuestos y un entorno internacional incierto, las empresas deben navegar entre la presión de mantener precios competitivos y la necesidad de asegurar su viabilidad económica. Los próximos meses serán cruciales para determinar cómo se desarrollará este panorama y qué estrategias adoptarán las empresas para adaptarse a una demanda en declive y a un contexto económico desafiante.