El costo de endeudamiento de los gobiernos aumentó con fuerza en los mercados internacionales durante las últimas sesiones. La incertidumbre en torno a la inflación, la posición de los bancos centrales y las dudas sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas presionaron a los bonos soberanos de largo plazo. A esos factores se sumó la competencia por la captación de capital asociada con las grandes emisiones de deuda vinculadas a la expansión de la inteligencia artificial.

En Estados Unidos, el mercado también reaccionó tras el vencimiento del plazo para que Washington y Teherán alcanzaran un acuerdo destinado a resolver su conflicto. La semana pasada, dos subastas de bonos del Tesoro concentraron la atención de los inversores: el rendimiento exigido para la deuda a 10 años llegó al 4,683%, el nivel más alto desde 2007, mientras que el bono a 30 años alcanzó el 5,216%, su mayor rentabilidad en 25 años.

La presión continuó durante esta semana, en un contexto en el que el precio de los bonos y su rendimiento se mueven en sentido inverso. El bono estadounidense a 30 años registró este martes una rentabilidad máxima del 5,337%, la más elevada desde 2002. En tanto, el interés de la deuda a 20 años escaló al 5,332%, un récord desde 2006, y el bono a 10 años llegó al 4,748%, también en máximos desde 2007. La evolución refleja el mayor rendimiento que los inversores exigen para mantener posiciones en deuda soberana de largo plazo.