En el corazón de la Ribeira Sacra, sobre los Cañones del río Sil, las laderas empinadas y los terrenos rocosos reflejan el esfuerzo de los viticultores que sostienen la llamada viticultura heroica. Se trata de una actividad desarrollada en condiciones geográficas y climáticas extremas, con un trabajo físico exigente y sin posibilidades de mecanización.
Sindo, de 72 años, conoce de cerca ese desafío. Hace más de tres décadas comenzó a transformar un monte frondoso e inaccesible en un viñedo dispuesto en bancales sobre el río Sil. La explotación alcanza hoy casi tres hectáreas. “El monte estaba abandonado y me puse manos a la obra a desbrozar, comprando trozos de tierra porque no eran míos hasta juntar toda la montaña”, relató el viticultor durante un encuentro con los medios, mientras todavía tenía la herramienta en la mano.
La recuperación del terreno incluyó tareas de limpieza, plantación y colocación de alambrados. En los primeros años, Sindo afrontó el trabajo sin ayuda económica y avanzó de manera gradual. “Empecé solo porque no había ni un duro y así fui poco a poco”, recordó. La finca, conocida en la zona como “la finca de Sindo”, se mantiene sobre un suelo escaso y rocoso. “Esto es muy esclavo; hay muy poquita tierra y es todo roca debajo, pero da mucha uva”, explicó. También señaló que el cultivo se sostiene sin abono, con un manejo ecológico basado en las hojas y los restos de ramas.



