En el mes de febrero, la fuga de dólares por parte de individuos, ya sea a través del ahorro o del turismo, se acercó notablemente a los ingresos de divisas generados por las exportaciones y la colocación de deuda empresarial. Esta situación plantea interrogantes sobre el futuro económico del país y los posibles escenarios que se avecinan, en un contexto global que también está en constante cambio.
Según un informe elaborado por la consultora LCG, basado en los datos del balance cambiario del Banco Central de la República Argentina (BCRA), las personas físicas registraron una compra neta de divisas y billetes por un total de 2.478 millones de dólares. Si se suman otros flujos, como los relacionados con servicios y turismo, el déficit alcanzó los 2.552 millones de dólares. Este saldo negativo casi contrarrestó la entrada de divisas generadas por el agro, que aportó 1.408 millones de dólares, junto con 1.579 millones provenientes de otros sectores productivos, impulsados en gran medida por operaciones de endeudamiento.
Frente a esta realidad, LCG anticipó que la cosecha gruesa podría jugar un papel clave en el corto plazo para equilibrar la balanza. Sin embargo, la consultora también advierte que se prevé una disminución progresiva en la emisión de Obligaciones Negociables (ONs), en un marco donde los capitales globales tienden a retornar hacia la deuda soberana de países desarrollados, influenciados por los conflictos en Medio Oriente y el aumento de las tasas de los bonos estadounidenses. Esto podría limitar aún más la disponibilidad de dólares en el mercado local.
Para la segunda mitad del año, se espera que el sector agropecuario pierda dinamismo, y las proyecciones sobre la liquidez mundial no son alentadoras. Este escenario sugiere que el flujo de dólares podría enfrentar mayores tensiones, lo cual podría tener repercusiones directas en la economía local. El economista Jorge Neyro señaló que, aunque los ingresos por la cosecha y las exportaciones de petróleo podrían superar a las salidas por ahorro y servicios, la incertidumbre persiste.
En cuanto a la demanda de dólares, es probable que se observe una disminución en el gasto turístico debido a la finalización de la temporada estival. Sin embargo, la apreciación del peso argentino genera preocupaciones sobre cómo se comportará la dolarización de carteras en los próximos meses. Las estrategias de carry trade parecen haber llegado a un punto de inflexión, con recientes caídas en las tasas de interés de corto plazo que han reducido el atractivo de las inversiones en moneda local.
En respuesta a esta situación, el Gobierno ha lanzado una nueva oferta de plazo fijo UVA a través del Banco Nación, que promete un rendimiento anual del 4,5% por encima de la inflación. No obstante, la compra de dólares ahorro durante febrero fue inferior a la de muchos meses anteriores, aunque aún superó el promedio mensual registrado en el periodo previo a la implementación del cepo cambiario, que se situó en 1.387 millones de dólares.
Finalmente, el balance cambiario del BCRA reportó un déficit en la cuenta corriente por quinto mes consecutivo, alcanzando los 115 millones de dólares en febrero, aunque este resultado fue el más contenido en comparación con meses anteriores. La economía argentina se encuentra en un punto crítico, donde la gestión de divisas y la confianza de los ahorristas serán factores determinantes para la estabilidad financiera en el futuro cercano.



