En el exclusivo barrio de Parque Leloir, una estafa piramidal orquestada por Juan Ignacio Lombardo y su socio, el abogado Ángel Elías Gómez, ha dejado una estela de víctimas que suman más de un millón de dólares. Lombardo, quien actualmente se encuentra prófugo, y Gómez, detenido, pretendían operar bajo la fachada de "Avalon Capital Futures Investment", una supuesta empresa de inversiones que carecía de la validación del Banco Central y que operaba en un entorno de aparente exclusividad, donde solo se aceptaban clientes por referencias.
La estrategia de estos estafadores se basaba en la creación de un ambiente de confianza, donde ofrecían rendimientos mensuales atractivos, que oscilaban entre el 2,5% y el 5%. Las promesas de devolución del capital inicial al cabo de ciertos plazos eran acompañadas de un documento denominado "contrato de comisión para operaciones en el mercado de futuros", el cual carecía de valor legal pero servía para generar una sensación de seguridad entre los inversores. Este papel se convirtió en una herramienta que, aunque no garantizaba nada, permitió a los estafadores atraer a más incautos en su red de engaños.
La investigación, dirigida por el fiscal Lucio Rivero, ha revelado que, tras los primeros meses de pagos, Lombardo y Gómez comenzaron a eludir responsabilidades, dejando a los inversores en la incertidumbre. Aunque algunos de los perjudicados contaban con el mencionado contrato, este no les sirvió de mucho al momento de reclamar sus fondos, convirtiéndose en una pieza clave para la causa judicial, junto a una fotografía que una de las víctimas tomó de Lombardo contando billetes en su oficina.
Hasta ahora, cinco personas han declarado oficialmente sobre cómo fueron engañadas por el dúo, que además se hacía pasar por miembros de la Cámara de Comercio de Argentina y del comité argentino de la Cámara de Comercio del Mercosur (CCM). La manipulación de la información fue tal que Lombardo llegó a mostrar a una mujer que le confió 350 mil dólares un post en Instagram donde aparecía como "Director de Administración y Finanzas", lo que resultó ser completamente falso. La verdadera Cámara de Comercio ha emitido advertencias sobre individuos que intentan suplantar a sus directores, lo que evidencia la sofisticación del engaño.
Otro aspecto que facilitó el éxito de la estafa fue la ubicación de Lombardo en el exclusivo "Buenos Aires Golf Club Bella Vista", donde cultivaba relaciones sociales con otros residentes. Al menos un vecino, atraído por la cercanía y las actividades compartidas en el club, terminó invirtiendo 130 mil dólares en la firma fraudulenta. Esta dinámica de confianza, construida a través de partidos de golf y encuentros sociales, permitió que Lombardo y Gómez atrajeran a potenciales víctimas sin levantar sospechas.
La situación se tornó crítica cuando las promesas de rendimiento comenzaron a incumplirse. Los estafadores ofrecieron excusas variadas, desde dificultades de liquidez hasta problemas en la cosecha de soja, intentando justificar la falta de pagos. Sin embargo, las explicaciones no convencieron a los inversores, que comenzaron a cuestionar la legitimidad de la empresa y a buscar respuestas.
La causa judicial avanza y se espera que más víctimas se sumen a las denuncias. Mientras tanto, Gómez permanece bajo custodia tras ser arrestado en su domicilio en Castelar, mientras que Lombardo sigue evadiendo a la justicia. Este caso pone de manifiesto la necesidad de una mayor regulación en el sector de inversiones y una educación financiera que permita a los ciudadanos reconocer y evitar este tipo de fraudes.



