En un contexto donde las exportaciones han cobrado una relevancia renovada como motor de la actividad industrial, la disminución de los costos relacionados con el comercio exterior se ha convertido en una de las demandas más urgentes de las empresas manufactureras. En respuesta a esta necesidad, el Gobierno ha tomado medidas significativas, anunciando la eliminación y reducción gradual de retenciones para una amplia gama de productos. Esta nueva normativa, que comenzó a regir a partir del 1° de julio, busca fomentar la competitividad de los productos argentinos en los mercados internacionales, aliviando la carga impositiva que enfrentan los exportadores.
La implementación de este cambio se formalizó mediante el Decreto 566/2026, que ha dado lugar a un reordenamiento en el mapa exportador de la industria nacional. Sin embargo, el impacto de esta medida no ha sido uniforme, ya que algunos sectores se beneficiaron de manera inmediata, mientras que otros deberán aguardar hasta junio de 2027 para alcanzar una alícuota cero, y ciertos complejos exportadores quedaron completamente excluidos de estas reducciones.
De acuerdo con un informe de la Unión Industrial Argentina (UIA), aún existen exportaciones industriales por un valor aproximado de USD 3.500 millones que continúan sujetas al pago de derechos de exportación. Este dato pone de manifiesto que, a pesar de los esfuerzos del Gobierno por aliviar la carga tributaria, la situación sigue siendo desigual y plantea interrogantes sobre la equidad de las medidas adoptadas.
El nuevo esquema clasificó los productos afectados en dos categorías distintas. La razón detrás de la reducción gradual para algunos sectores se relaciona directamente con la necesidad de preservar el superávit fiscal. Mantener las cuentas del Estado en equilibrio y evitar que los gastos superen los ingresos son prioridades para el actual Gobierno, que también busca contener la inflación. Aunque las autoridades han reiterado su intención de continuar con la disminución de impuestos, esta se llevará a cabo en función de las posibilidades fiscales del país.
Entre los sectores que se beneficiaron de manera inmediata de esta eliminación de retenciones se encuentran los metales básicos, que concentraron una parte significativa de las exportaciones en este grupo. Además, productos químicos, autopartes y manufacturas de caucho y plástico también fueron incluidos en la lista de aquellos que dejaron de tributar derechos de exportación desde el primer día de vigencia de la normativa.
En contraste, el régimen de reducción gradual ha beneficiado especialmente al sector automotor y de autopartes, que representa casi USD 7.000 millones de las exportaciones incluidas en este esquema. Otros productos, como los químicos orgánicos, fertilizantes y ciertos insumos plásticos, también se verán beneficiados en un futuro cercano, aunque deberán esperar un año para acceder a la exención completa de retenciones. Esta diferencia en el tratamiento fiscal entre los distintos grupos de productos resalta las disparidades en el apoyo gubernamental a diferentes sectores de la industria.
En conclusión, la eliminación de retenciones y la reestructuración del esquema impositivo para las exportaciones industriales representan un paso importante hacia la mejora de la competitividad de la industria argentina en el comercio global. Sin embargo, los desafíos persisten, y será fundamental que el Gobierno continúe trabajando en una política fiscal equilibrada que permita un desarrollo equitativo y sostenible para todos los sectores involucrados en la exportación de bienes. La atención a las necesidades específicas de cada industria y la garantía de un entorno fiscal predecible serán claves para el éxito a largo plazo de estas medidas.



