La economía argentina se encuentra en un momento crítico, caracterizado por un marcado contraste en el desempeño de sus diferentes sectores productivos. Por un lado, las actividades relacionadas con la exportación y el desarrollo de recursos naturales, como la minería, el agro y el petróleo, han demostrado un crecimiento significativo, impulsando el avance general del sistema económico. En contraposición, los sectores más enfocados en la vida urbana, tales como el comercio, la industria y la construcción, enfrentan desafíos que se traducen en estancamiento o desaceleración, evidenciando así una economía que opera a dos velocidades.

Este fenómeno, que ha sido objeto de análisis por diversas consultoras, se hace evidente en los recientes indicadores económicos. A pesar de que el crecimiento agregado parece mantenerse gracias al dinamismo de las industrias ligadas a la exportación, la realidad es que esta situación crea una disparidad en el impacto sobre el empleo y el consumo interno. Mientras que las actividades que están en auge generan un incremento en el volumen de producción, su capacidad para crear empleo es notablemente limitada, lo que a su vez obstaculiza la mejora en los indicadores sociales y la distribución equitativa de los beneficios del crecimiento.

El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), proporcionado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), ha registrado cifras históricas en los últimos meses, pero esto no ha sido suficiente para contrarrestar la paradoja de que los sectores más dinámicos son los que menos trabajadores requieren. En este contexto, la tasa de desocupación ha experimentado un aumento de 1,1 puntos porcentuales, alcanzando un 7,5% al finalizar 2025. Al desglosar las fuentes de esta desocupación, se observa que la construcción se erige como el sector más afectado, representando casi el 20% de los desempleados, seguido por el comercio y otros sectores de servicios.

Las perspectivas de recuperación para los sectores rezagados dependen en gran medida de la capacidad de revitalizar el consumo interno y la disponibilidad de crédito. Sin embargo, en un entorno donde la dinámica económica avanza impulsada por sectores que no generan empleo de forma intensiva, la brecha entre los distintos segmentos de la economía se acentúa, lo que plantea serios desafíos para el futuro inmediato.

Un informe reciente de la consultora Invecq señala que los motores que habían impulsado el crecimiento en diciembre, como el agro y la energía, mostraron signos de debilidad en enero. A pesar de que el índice general aún presentó un leve crecimiento del 1,9% interanual y un 0,4% mensual, esto fue posible gracias a la mejora de los sectores más rezagados. La industria y la construcción experimentaron un crecimiento mensual del 1,5% y el comercio un 1,4%, lo que refleja una leve recuperación en estas áreas.

La situación es compleja: aunque en enero los sectores en auge mostraron una caída, se mantenían un 15,3% por encima de los niveles de noviembre de 2023. En contraste, los sectores que habían estado en retroceso, aunque mejoraron, aún se encontraban un 4,9% por debajo del nivel que tenían al comienzo del actual gobierno, evidenciando un estancamiento que persiste desde junio de 2025. En resumen, el futuro económico argentino está marcado por una clara necesidad de políticas que busquen equilibrar el crecimiento, fomentando tanto la producción como el empleo de calidad en todos los sectores, para así cerrar la brecha que actualmente divide a la economía en dos realidades distintas.