La economía de Argentina se encuentra inmersa en un periodo de intensa volatilidad, caracterizada por fluctuaciones que alternan entre crecimientos y caídas. Este fenómeno es lo que diversos analistas han denominado como dinámica de "serrucho", donde el primer cuatrimestre de 2026 evidenció un patrón marcado: un crecimiento inicial en enero, seguido de una caída en febrero, un rebote en marzo y una nueva contracción esperada para abril. Estos movimientos irregulares reflejan un entorno económico complejo que, aunque anticipa un crecimiento para el año, ha visto recortadas sus proyecciones por debajo del 3,5 por ciento en varias estimaciones.
La inestabilidad actual se ve alimentada por múltiples factores que inciden negativamente en la actividad económica. Entre los principales retos que enfrenta el país se encuentran la debilitación del consumo interno, las consecuencias del endurecimiento del crédito, la presión competitiva externa sobre la industria, la falta de reactivación en la obra pública, el impacto de las tarifas sobre los ingresos disponibles y las adversidades climáticas que afectan al sector agrícola. Esta serie de factores ha contribuido a un ciclo de estancamiento que se manifiesta en oscilaciones mensuales, generando una recuperación que se percibe fragmentada y poco consistente.
A pesar de que algunos sectores, como el energético y el minero, logran mantener cierto ritmo de crecimiento, la actividad económica en general se encuentra sujeta a vaivenes significativos. Este comportamiento se traduce en una economía "a dos velocidades": por un lado, el agro, la minería y la energía muestran signos de expansión, mientras que la industria y la construcción padecen un letargo que dificulta su recuperación. Esta polarización en el desempeño sectorial resalta la necesidad de políticas que fomenten un crecimiento más equilibrado y sostenido.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) está por publicar el dato oficial del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) correspondiente a abril, lo que se considera fundamental para entender la profundidad del retroceso y anticipar si la economía logrará superar el patrón de "serrucho" o si este se extenderá hacia la segunda mitad del año. Este informe será crucial para obtener una visión más clara de la situación económica actual y sus proyecciones a corto plazo.
Recientemente, se conocieron cifras que indican que tanto la construcción como la industria manufacturera experimentaron caídas interanuales del 2,8% en abril. En comparación mensual, la construcción se contrajo un 4% y la industria un 2,1%. Estos resultados sugieren que abril podría haber registrado una desaceleración significativa en relación con marzo, lo que plantea interrogantes sobre la capacidad de estos sectores para recuperar su dinamismo en el futuro cercano.
La consultora LCG advirtió que el contexto actual no permite prever una consolidación en la recuperación de ambos sectores, que son fundamentales para el empleo. En su último informe, la consultora subrayó que la dinámica de "serrucho" se origina en una combinación de factores estructurales y coyunturales que complican el panorama. En el ámbito industrial, la limitada demanda interna sigue siendo un obstáculo significativo, influenciada por la pérdida de poder adquisitivo de los consumidores. A su vez, las presiones competitivas derivadas de una mayor apertura comercial y un tipo de cambio desfavorable agravan aún más la situación.
Santiago Casas, economista jefe de EcoAnalytics, respalda este diagnóstico al vincular la dinámica económica con la debilidad de la demanda interna. En este contexto, la recuperación de la actividad se muestra incierta, y es esencial que los responsables de políticas económicas implementen estrategias que permitan revertir esta situación para fomentar un crecimiento sostenido y equilibrado en todos los sectores de la economía. Las decisiones que se tomen en los próximos meses serán cruciales para determinar si Argentina logrará salir de este ciclo de altibajos o si, por el contrario, se verá atrapada en un patrón de inestabilidad prolongado.



