La industria textil argentina enfrenta una nueva crisis que se evidencia en la reciente solicitud de concurso preventivo por parte de Textil Amesud, una compañía emblemática fundada por el empresario coreano Yeal Kim. Esta situación es un reflejo de la presión ejercida por las importaciones y el notable descenso del consumo interno, que ha llevado a la firma a operar actualmente entre un 20% y un 30% de su capacidad productiva. En sus años de esplendor, Amesud fue reconocida como líder en la producción de tejidos de punto en el conurbano bonaerense, pero hoy se enfrenta a una caída de ventas que supera el 70% en comparación con hace tres años.
La problemática que afecta a Amesud no es aislada, sino que forma parte de un fenómeno más amplio que recorre el sector textil argentino. La liberalización de los controles aduaneros y el incremento de importaciones a través de plataformas digitales como Shein y Temu han alterado el panorama competitivo. Este contexto ha generado un clima adverso para las empresas locales, que ven cómo sus productos son desplazados por alternativas más baratas y accesibles provenientes del exterior, lo que a su vez repercute en la producción nacional.
Datos de la Fundación Pro Tejer indican que, en los primeros meses de este año, la industria textil ha alcanzado niveles críticos de capacidad ociosa, con un alarmante 70% de las máquinas detenidas. La baja productividad, que se ha consolidado en los últimos dos años, se traduce en un descenso del 33% en la producción industrial textil en comparación interanual y una contracción de un 36% respecto al mismo mes del año anterior. Este panorama negativo también se extiende a otros sectores relacionados como la confección de prendas, calzado y cuero, que han visto reducciones en sus niveles de producción del 18% y 20% respectivamente.
El concurso preventivo de Amesud no es solo un resultado de la actual crisis económica, sino también de cambios estructurales en la relación entre los fabricantes locales y las grandes marcas. Yeal Kim ha señalado que el deterioro comenzó cuando estas marcas optaron por importar productos terminados en lugar de abastecerse con la producción local, lo que ha dejado a muchas empresas en una situación precaria. La incapacidad de operar a niveles óptimos ha llevado a Kim a declarar que es inviable gestionar una empresa con menos del 30% de su capacidad instalada, lo que evidencia la gravedad de la situación.
En términos de empleo, la situación es igualmente preocupante. En los últimos dos años, Amesud ha reducido su plantilla de manera drástica, pasando de 430 a 250 empleados. David Kim, gerente de la firma e hijo del fundador, ha expresado que están considerando implementar suspensiones y reducciones de horarios, dado que las ventas han caído un 60% desde mediados de 2023. Esto no solo afecta a los trabajadores de Amesud, sino que también repercute en la comunidad local que depende de la actividad económica generada por la empresa.
La crisis que atraviesa Textil Amesud sirve como un claro indicador de la situación general del sector textil en Argentina, donde la caída del consumo se ha vuelto crítica, especialmente para bienes considerados no esenciales, como la indumentaria y los textiles para el hogar. Según el informe de Pro Tejer, la combinación de la pérdida de poder adquisitivo y el aumento en los costos de servicios básicos como agua, electricidad, gas y alquileres ha restringido el presupuesto que los consumidores pueden destinar a estos productos. Además, las importaciones de prendas de vestir y artículos del hogar aumentaron un 185% en cantidades durante el último año, lo que ha llevado a la entidad a denunciar una competencia desleal que pone en jaque a los fabricantes locales. Este panorama complejo exige una profunda reflexión sobre la necesidad de políticas que protejan y estimulen la producción nacional en un contexto globalizado.
En conclusión, la crisis de Textil Amesud no solo representa un desafío para la empresa en sí, sino que pone de manifiesto las dificultades que enfrenta todo un sector, atrapado entre la competencia internacional y un consumo interno que sigue en declive. La situación demanda acciones urgentes que busquen revitalizar la producción local y garantizar la sustentabilidad de las empresas argentinas en un entorno cada vez más competitivo y desafiante.



