En marzo, el incremento del costo de las canastas básicas mostró una desaceleración notable, en contraste con el aumento general de la inflación del mes. Según datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que establece el umbral de indigencia, experimentó su menor variación en siete meses, mientras que la Canasta Básica Total (CBT), que define la línea de pobreza, también mostró un aumento más moderado en comparación con meses anteriores.
Los últimos informes del INDEC indican que la CBA aumentó un 2,2% en marzo. Esto significa que una familia tipo, compuesta por una pareja de adultos y dos niños pequeños, necesitó un ingreso mínimo de $658.010,93 para evitar ser considerada indigente. Este dato es significativo, ya que revela las presiones económicas que enfrentan muchos hogares en el país, resaltando la necesidad de un ingreso adecuado para cubrir las necesidades básicas de alimentación.
Por otro lado, la CBT, que incluye no solo los alimentos sino también otros bienes y servicios esenciales, registró un incremento del 2,6%. Con este aumento, una familia tipo debe contar con $1.434.463,81 para no caer por debajo de la línea de pobreza. Estos números reflejan el difícil panorama económico que atraviesan muchas familias argentinas, quienes deben hacer malabares para llegar a fin de mes con ingresos que a menudo no son suficientes.
Es importante destacar que la elaboración de la canasta alimentaria se basa en un análisis de las necesidades nutricionales fundamentales de una persona, complementado con los hábitos de consumo de la población, según la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo). Esta metodología permite tener una visión más clara de los requerimientos económicos de los hogares argentinos y de cómo estos se ven afectados por los cambios en el mercado.
La determinación de la CBT se lleva a cabo ampliando la CBA mediante un coeficiente que refleja la relación entre los gastos en alimentos y los gastos totales que se observan en la población de referencia. Esta dinámica se ha vuelto esencial para entender cómo las variaciones en el costo de los alimentos impactan en el bienestar general de los ciudadanos.
A pesar de esta desaceleración en las canastas básicas, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) mostró un aumento del 3,4% en marzo, elevándose desde el 2,9% del mes anterior. Este es el incremento más alto registrado desde marzo de 2025 y se atribuye principalmente a los aumentos en precios regulados, que incluyen tarifas de servicios públicos, transporte y cuotas escolares, coincidiendo con el inicio del ciclo lectivo.
Particularmente, la división de alimentos y bebidas, que tiene un peso significativo en el IPC, incrementó un 3,4%, un leve aumento respecto al 3,3% del mes anterior. Los ajustes en los precios de las carnes fueron los principales responsables de este movimiento, lo que evidencia la vulnerabilidad del sector alimenticio ante cambios en la oferta y demanda. Así, al analizar los datos del primer trimestre, se observa que la inflación general acumuló un 9,4%, mientras que la CBT y la CBA aumentaron un 9,6% y un 11,6%, respectivamente, lo que pone de manifiesto la presión inflacionaria que continúa afectando a la economía argentina.



