La situación económica de millones de argentinos se ha vuelto insostenible en los últimos meses. En febrero, el ingreso real de la población experimentó una caída por cuarto mes consecutivo, lo que ha generado un gran descontento y dificultades para cubrir las necesidades básicas. Este fenómeno se ha visto agravado por un incremento notable en los gastos fijos, que han superado la inflación, dejando a trabajadores y jubilados en una posición crítica, con pocas señales de mejora a corto plazo.
Según datos proporcionados por la consultora Equilibra, el ingreso disponible a nivel nacional decreció un 0,6% en términos mensuales y un 2,8% en comparación con el mismo mes del año anterior. Este descenso es alarmante, dado que el ingreso promedio se encuentra un 11% por debajo de lo que se registraba durante los nueve meses previos al cambio de gobierno, en un contexto que ya era complicado. Este deterioro afecta a todos los estratos sociales, aunque con variaciones significativas entre ellos.
Los jubilados que no reciben la mínima y los trabajadores del sector privado formal han experimentado caídas menores en sus ingresos, del 0,4% y 0,5% respectivamente. Sin embargo, aquellos que perciben la jubilación mínima, que incluye un bono, y los empleados públicos han sufrido un impacto más severo, con una reducción del 0,9% en sus ingresos mensuales. Comparando con el año anterior, estas mermas alcanzan el 7,4% para las jubilaciones mínimas y el 5,6% en los salarios del sector público, lo que indica una crisis que se siente con más fuerza en los sectores más vulnerables.
Este panorama se explica por la dinámica entre los ingresos y los precios. Aunque la inflación en febrero se situó en un 2,9%, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), este aumento fue insuficiente para contrarrestar el crecimiento de los gastos fijos, que se dispararon hasta un 4,4%. Esta diferencia resalta la dificultad que enfrentan las familias para equilibrar sus presupuestos, obligándolas a restringir su consumo y priorizar gastos esenciales.
La consultora Empiria también ha analizado la situación y ha señalado que la contracción del ingreso disponible fue aún más severa en términos intermensuales, alcanzando un 2,1% real. Sin embargo, al compararlo con el mismo mes del año anterior, la variación fue mínima. Este proceso de deterioro se inició en septiembre de 2022 y ha llevado a que el ingreso disponible actual esté un 5,4% por debajo de lo que se registraba en 2023, un dato que, sin duda, debería llamar a la reflexión de las autoridades económicas.
El análisis por segmentos revela que la reducción en el ingreso disponible fue similar en dirección, aunque con distintas intensidades. Los sectores de mayores ingresos vieron una caída del 1,6%, mientras que los de menores ingresos enfrentaron una baja del 2,7%. Este deterioro generalizado de la canasta de ingresos reales, que acumula cuatro meses consecutivos de retroceso, afecta a todos los componentes y plantea serias interrogantes sobre la recuperación económica a mediano y largo plazo.
En el ámbito de los salarios registrados, se observó una baja del 1,1%, con una contracción del 1,3% en el sector privado formal y del 0,6% en los salarios públicos. El informe también destaca divergencias en el comportamiento de los salarios entre agentes provinciales y nacionales. Mientras que los agentes provinciales mantuvieron cierta estabilidad en febrero, acumulando un retroceso del 9% respecto a noviembre de 2022, los agentes nacionales enfrentaron una contracción del 2,2% en el mismo mes, posicionándose un 38% por debajo de los niveles de noviembre de 2022, lo que evidencia la profunda crisis que atraviesa el país.



