La reciente cifra de inflación ha traído un alivio inesperado para la economía nacional, marcando una desaceleración notable tras el incremento de marzo, donde el índice de precios se disparó más allá del 3%. En abril, la inflación se ubicó en un 2,6%, un cambio que no se había registrado en los últimos diez meses. Este dato es alentador, especialmente considerando que la inflación núcleo, que excluye los precios más volátiles, descendió del 3,2% al 2,3%. Asimismo, el costo de la carne, que había sido una de las principales fuentes de presión inflacionaria, solo aumentó un 0,7%, lo que sugiere una desaceleración significativa en este rubro.
A raíz de esta moderación, las consultoras económicas han comenzado a ajustar sus proyecciones a la baja. Se estima que la inflación de mayo se ubicará entre un 2,1% y un 2,4%. Los participantes del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) también proyectan una inflación del 2,3%, lo que indica una tendencia a la desaceleración más pronunciada. Florencia Blanc, investigadora de Aldazabal & Cia, comentó sobre la situación: “Coincidimos con el consenso en que se espera un proceso de desinflación, aunque este avance no será lineal. Proyectamos una inflación anual del 29%, ligeramente por debajo de las expectativas del REM, que es del 30,5%”.
En este contexto, se identifican dos factores clave que están actuando como frenos para el aumento de precios. En primer lugar, la estabilidad del tipo de cambio ha funcionado como un ancla nominal, estabilizando la economía en medio de un panorama incierto. Por otro lado, el ajuste de precios implementado por YPF en los combustibles ha permitido que los precios locales se mantengan aproximadamente un 15% por debajo de lo que sería una actualización completa, de acuerdo con la evolución del barril de petróleo Brent, que es un referente esencial en el mercado argentino.
A medida que se consolida esta tendencia de desaceleración, algunos instrumentos de inversión comienzan a recuperar atractivo, luego de un mes de abril en el que varios activos en pesos quedaron rezagados respecto a la inflación. En particular, la tasa fija, que había perdido interés anteriormente, ahora vuelve a ser considerada como una opción viable. Los instrumentos ajustables por CER han mostrado un incremento promedio del 1,3%, mientras que los títulos de tasa fija avanzaron un 0,9%. Estos activos ofrecen tasas efectivas mensuales que oscilan entre el 1,7% y el 2%, lo que podría reavivar su atractivo en un contexto donde el dólar permanece contenido.
Según un informe del Grupo SBS, liderado por el jefe de Research, Juan Manuel Franco, las oportunidades en la curva de pesos han cambiado y ya no son tan evidentes como en meses anteriores. La elección de instrumentos dependerá del perfil de riesgo de cada inversor y de su perspectiva sobre la evolución futura de la inflación. Aquellos que mantengan una visión optimista sobre la desinflación podrían encontrar valor en el segmento medio y largo de la tasa fija, especialmente en bonos que vencen en 2027.
Sin embargo, es fundamental que los inversores evalúen su estrategia con cautela, ya que el entorno económico aún presenta incertidumbres. La combinación de la desaceleración inflacionaria con la estabilidad cambiaria podría ofrecer nuevas oportunidades, pero también conlleva riesgos que deben ser considerados cuidadosamente. La próxima semana será crucial para observar cómo se desarrollan estos indicadores y cómo reaccionan los mercados ante la nueva información económica. Las decisiones de inversión en este contexto deben ser informadas y estratégicas, teniendo en cuenta tanto las proyecciones de inflación como la situación global del mercado.



