El Gobierno argentino enfrenta serios desafíos para recuperar el camino hacia la desinflación. Los precios relativos aún no se ajustan completamente y el conflicto en Medio Oriente está afectando los precios de la energía a nivel global, lo que complica la previsibilidad económica a corto plazo. En este contexto, los especialistas discuten la efectividad de la ancla cambiaria y el impacto de la política cambiaria en la inflación.

La desaceleración de la inflación fue uno de los logros más destacados de la gestión actual hasta mediados del año pasado. Para lograr este objetivo, el equipo económico liderado por Luis Caputo implementó una combinación de congelamiento de la emisión monetaria y control de dos precios clave: el dólar y los salarios. Sin embargo, el tipo de cambio oficial ha mostrado un notorio rezago en su valor real, alcanzando niveles de atraso no vistos desde finales de 2015.

Expertos como Lorenzo Sigaut Gravina, Director de Análisis Macroeconómico de Equilibra, señalan que la efectividad de la ancla cambiaria ha disminuido desde que se optó por un esquema de flotación. Por su parte, Emiliano Libman, economista de Fundar, argumenta que aunque la inflación podría haber sido mayor sin el control del dólar, actualmente no existe un ancla cambiaria como la que se aplicaba antes. En este marco, el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) ha reflejado estos cambios, mostrando una variación de solo 1% en febrero, en comparación con el 1,7% de enero, lo que demuestra una clara divergencia respecto al Índice de Precios al Consumidor (IPC).