La situación económica en Argentina ha mostrado un notable deterioro del poder adquisitivo en los últimos ocho años. Los datos revelan que un trabajador formal del sector privado ha perdido el equivalente a más de un año de salario, mientras que un empleado público ha visto su capacidad de compra reducirse en casi dos años, tomando como referencia el año 2017, que fue el último año de estabilidad salarial.

Un reciente análisis del economista Nadin Argañaraz indica que, al comparar la situación actual con la de 2024, se observa una leve mejora del poder adquisitivo en ambos sectores: el privado creció un 4,8% y el público un 3,9%. Sin embargo, si se toma como base el año 2023, ambos grupos experimentan una caída: el sector privado se reduce en un 1,6% y el público en un 17%. Esto se explica, en gran medida, por la política de ajuste implementada por el gobierno de Javier Milei, que ha afectado considerablemente los salarios del sector público nacional.

El análisis revela que la reducción del poder adquisitivo es alarmante. Los empleados privados han visto un descenso del 20% en su capacidad de compra desde 2017, mientras que los trabajadores del sector público han sufrido una disminución aún mayor del 34%. En términos concretos, esto se traduce en la pérdida de 16 sueldos mensuales para los empleados del sector privado y 21 para los del sector público. La situación es aún más crítica para los trabajadores informales, quienes han perdido el equivalente a 29 salarios en este mismo período. Este contexto es preocupante, considerando que el 43,3% de la población activa trabaja “en negro” y la formalización del empleo ha caído a mínimos históricos desde 2022.

El informe de Argañaraz destaca la necesidad urgente de abordar la cuestión salarial, subrayando que la alta inflación y la falta de ajustes salariales realistas han contribuido a este descalabro. Para restablecer la previsibilidad del salario real, es fundamental reducir la inflación y mejorar las condiciones impositivas para los trabajadores. A pesar de las señales de desinflación en el último año, estas no se han traducido en mejoras salariales, lo que pone de manifiesto la distancia entre los ingresos y la inflación que continúa afectando a la población.