Lorenzo Carranza perdió sus cultivos de maíz, frijol y ayote cuando la sequía secó el pozo y el río que abastecían a su comunidad en Las Chácaras, en el sur de Honduras. La falta de agua no solo arrasó con la producción: también dejó sin recuperar el dinero que había destinado a preparar la tierra y sembrar.
Con la llegada de las lluvias, los terrenos podrían volver a recibir semillas, pero los productores de las comunidades afectadas enfrentan otro obstáculo: reunir los recursos necesarios para comenzar otra vez. Carranza calcula que preparar una manzana de tierra demanda entre 8.000 y 10.000 lempiras, equivalentes a unos 300 y 370 dólares, por los costos de mano de obra, preparación del terreno y fertilizantes.
El productor estima que solo acondicionar la tierra puede costar alrededor de 2.500 lempiras por manzana. A ese monto se suma el abono, que debe aplicarse varias veces para alcanzar una producción adecuada. Para la próxima siembra, Carranza prevé invertir nuevamente, aunque analiza reducir la superficie cultivada por su situación económica. No cuenta con las ganancias de la temporada anterior, sino con las pérdidas de una cosecha que no llegó a producirse. Volver a sembrar, por eso, implica conseguir dinero para preparar el terreno, comprar fertilizantes y semillas, además de asumir otra vez el riesgo de una nueva pérdida.



