La reciente declaración de quiebra de SanCor Cooperativas Unidas Limitada (CUL), una de las empresas lácteas más emblemáticas de Argentina, ha generado un fuerte impacto en el sector. Héctor “Etín” Ponce, secretario general de la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (ATILRA), analizó este acontecimiento y sus repercusiones en una entrevista, destacando que esta situación podría representar una nueva etapa de reconstrucción para la compañía. Según Ponce, la quiebra no es un evento aislado, sino el resultado de un proceso prolongado de desinversión y falta de dirección estratégica que se ha desarrollado durante años.

El dirigente sindical expresó su preocupación por el destino de SanCor y recordó que la caída de la empresa no fue un hecho repentino, sino que se ha gestado a lo largo del tiempo. En este sentido, señaló que la venta de activos estratégicos desde 2012, junto con ingresos que superaron los 300 millones de dólares, no lograron revertir la crisis que enfrentaba la firma. La reducción en la producción y la paralización de infraestructuras vitales han sido factores determinantes en el deterioro de la compañía.

Ponce hizo hincapié en que la responsabilidad por la situación actual de SanCor recae directamente en la conducción empresarial. “Cuando quienes están al mando no tienen la capacidad ni la responsabilidad para gestionar adecuadamente, el desenlace es este. Lo más sensato sería que dieran un paso al costado”, afirmó, dejando en claro su postura sobre la falta de liderazgo en la empresa. Además, subrayó que, si bien el modelo cooperativo es válido, su éxito depende de una gestión eficiente: “Las cooperativas no son un problema en sí mismas, se convierten en un inconveniente cuando son mal administradas”.

Uno de los puntos más relevantes que abordó Ponce fue el apoyo incondicional de los trabajadores durante los momentos más críticos de SanCor. Desde 2017, los empleados han aceptado recortes salariales, han cobrado sus sueldos de manera parcial y han continuado prestando sus servicios bajo condiciones adversas. “Si hay alguien que ha colaborado para que SanCor siguiera funcionando, han sido los trabajadores y la organización sindical”, enfatizó, resaltando el compromiso del personal en un contexto tan difícil.

La crisis de SanCor no solo afecta a la empresa, sino que también tiene un profundo impacto social en las familias de los trabajadores. Ponce advirtió que muchas de estas familias enfrentan graves dificultades para satisfacer necesidades básicas como alimentación, vivienda y salud. Este panorama resalta la importancia de encontrar soluciones que permitan no solo la recuperación de la empresa, sino también la protección de los derechos y el bienestar de los trabajadores.

Sin embargo, Ponce se mostró optimista y consideró que la quiebra de SanCor puede abrir la puerta a una reorganización efectiva de la empresa. “Esta es una oportunidad que hemos estado esperando durante mucho tiempo”, declaró, sugiriendo que el proceso podría incluir el reemplazo de la actual conducción, la intervención judicial y la búsqueda de alternativas que preserven los activos de la compañía. Esta nueva etapa podría ser fundamental para reorientar a SanCor hacia un futuro más sostenible y productivo, siempre y cuando se tomen decisiones acertadas y se priorice el bienestar de todos los involucrados en la cooperativa.