Recientes análisis de varias gestoras de inversión internacionales han puesto de manifiesto una inquietante realidad: la alta concentración en la renta variable de mercados emergentes. Este fenómeno, que compromete la estabilidad y diversificación del sector, se manifiesta en la dependencia de un número limitado de mercados que, al ser el núcleo de los principales índices, influyen significativamente en su comportamiento general. La advertencia es clara: la salud de la renta variable emergente está intrínsecamente ligada al desempeño de estos pocos países, lo que puede resultar riesgoso para los inversores que buscan un enfoque más diversificado.

Sin embargo, a pesar de estos desafíos, las firmas de inversión mantienen una perspectiva optimista respecto al futuro de este sector, especialmente para la segunda mitad de 2026. Factores como valoraciones atractivas, un dólar en retroceso y la estabilización de la economía china son considerados catalizadores que podrían impulsar la evolución de la renta variable emergente. Esta visión positiva contrasta con el actual estado de concentración, lo que lleva a los analistas a reflexionar sobre las implicaciones de invertir en un entorno tan volátil y dependiente.

Un ejemplo claro de esta concentración es el análisis realizado por Lazard Frères Gestion, parte del Grupo Lazard en Francia. Según sus datos, el índice MSCI Emerging Markets ha visto un aumento del 25% en lo que va del año, pero este resultado se ha visto fuertemente influenciado por el desempeño excepcional de Corea del Sur y Taiwán, que han registrado incrementos del 112% y 68% respectivamente. De hecho, si estos dos mercados se excluyen del índice, las acciones emergentes habrían experimentado una corrección cercana al 5%, lo que indica que el rendimiento positivo no es tan generalizado como parece.

El gestor de Lazard, Thomas Planell, ha enfatizado que invertir pasivamente en mercados emergentes actualmente equivale a realizar una apuesta en el ciclo tecnológico mundial y en un número limitado de países. Este enfoque, a su juicio, limita la diversificación y amplifica la volatilidad, creando un escenario arriesgado para los inversores. Además, ha señalado que el mercado surcoreano ha mostrado variaciones de al menos un 5% en más de veinte sesiones durante el presente año, un fenómeno que se ha visto acentuado por el auge de los fondos cotizados (ETF) y las operaciones de trading apalancadas.

Planell también ha expresado su preocupación por el futuro, sugiriendo que si las incertidumbres en torno a la inteligencia artificial aumentan, la corrección en estos mercados podría ser tan drástica como el ascenso que han experimentado recientemente. A pesar de esto, ha indicado que las proyecciones de beneficios para Corea del Sur y Taiwán siguen siendo favorables, aunque las revisiones al alza de las expectativas parecen estar desacelerándose en los últimos meses, lo que podría impactar en los precios de ciertos componentes tecnológicos, especialmente chips.

En este contexto, Planell ha argumentado que para aquellos inversores que buscan una mayor exposición a los fundamentos tradicionales de los mercados emergentes, como el crecimiento de la clase media y el ciclo de materias primas, la gestión activa se presenta como una opción más coherente en comparación con la inversión indexada. Esta estrategia permite a los gestores seleccionar activos que se alineen mejor con las tendencias subyacentes del mercado, ofreciendo así una mayor protección ante la volatilidad.

Por su parte, Matt Williams, director de Inversiones de Aberdeen Investments, ha corroborado esta tendencia hacia un cambio gradual de la inversión pasiva hacia la activa. Williams ha indicado que la combinación de ingresos y una cuidadosa selección de valores puede brindar un perfil de rentabilidad más equilibrado, lo que ha resonado positivamente entre los inversores en busca de resiliencia y crecimiento sostenido a largo plazo. A medida que nos acercamos a la segunda mitad de 2026, la atención se centra en cómo los mercados emergentes podrán navegar por un entorno de tensiones geopolíticas y fluctuaciones económicas, manteniendo la esperanza de un repunte significativo en su rendimiento.