La situación de Garbarino se ha tornado crítica en el marco de su concurso de acreedores, con un futuro incierto que se vislumbra cada vez más oscuro. En una reciente audiencia realizada el 24 de febrero, la empresa admitió ante el tribunal que no ha logrado captar inversores que respalden su intento de reestructuración judicial. Además, la única firma externa que se había registrado para participar en el proceso no presentó ninguna oferta formal, dejando a la compañía en una situación extremadamente precaria.

El expediente se encuentra bajo la supervisión del Juzgado Nacional en lo Comercial N°7, a cargo del juez Fernando D'Alessandro. Este magistrado había habilitado un procedimiento conocido como cramdown, diseñado para facilitar la presentación de ofertas de terceros y evitar la liquidación. Sin embargo, este recurso se ha mostrado prácticamente vacío, ya que tanto Garbarino como Vlinder S.A. fueron los únicos inscriptos, pero ninguno presentó una propuesta concreta, lo que ha llevado al proceso a depender exclusivamente de una resolución judicial.

Un informe reciente de la sindicatura ha evidenciado la drástica caída en las operaciones comerciales de la empresa. Durante enero de 2026, Garbarino reportó ventas por apenas $1,7 millones y no realizó ninguna compra de mercadería, manteniendo su canal de ventas online cerrado. Con un stock de aproximadamente 1.600 productos, la mayoría obsoletos, la situación se agrava aún más. Actualmente, solo tres locales permanecen abiertos, y la plantilla de empleados ha disminuido a 18, comparado con los más de 5.000 que tuvo en su apogeo. Con obligaciones impositivas y deudas que superan los $3.300 millones, la continuidad operativa de Garbarino se encuentra seriamente comprometida.