El Gobierno argentino ha logrado mantener un superávit fiscal, a pesar de la caída en la recaudación tributaria que se ha registrado durante los últimos siete meses. Este fenómeno se produce en un contexto de alta inflación y con solo cuatro aumentos reales en las entradas fiscales desde que Javier Milei asumió la presidencia. Analistas tanto locales como internacionales expresan su preocupación por las implicancias que esta situación podría tener sobre la financiación estatal, así como sobre las tasas de interés y la actividad económica en general.

Para lograr este resultado positivo, la administración actual ha intensificado el uso de recursos no impositivos, especialmente mediante los ingresos derivados de las rentas de propiedad y la venta de activos estatales. Además, se han implementado medidas de ajuste en el gasto público, que incluyen recortes de personal y una gestión más eficiente de los recursos presupuestarios. Estas estrategias buscan cumplir con los objetivos de campaña del Gobierno, que incluyen un superávit financiero sostenido, la reducción de impuestos internos y externos, y el control de la inflación.

Los datos más recientes sobre la ejecución del Presupuesto durante los primeros dos meses de 2026 muestran que, a pesar de la caída en los ingresos impositivos y de la Seguridad Social, el equipo económico ha logrado compensar estas pérdidas. La Secretaría de Hacienda reportó que se había ejecutado el 14,8% del gasto presupuestado y el 16,9% de los recursos esperados hasta ese momento. A su vez, el ministro Luis Caputo anticipó que las privatizaciones y concesiones de empresas seguirán su curso, y que se espera que la reforma laboral genere un aumento en la formalización del empleo, lo que podría traducirse en un incremento de los ingresos para la Anses y una mejora en la recaudación impositiva.