El reciente cierre de Fate ha intensificado el debate sobre la apertura económica en Argentina. La premisa principal sostiene que las empresas locales enfrentan dificultades para competir con productos chinos que reciben subsidios, aunque detrás de esta idea se oculta un intento por fortalecer el modelo de sustitución de importaciones.
Desde hace varias décadas, salvo contadas excepciones, el país ha mantenido un enfoque económico centrado en la sustitución de importaciones, independientemente de si el gobierno es civil o militar. La promoción de políticas que favorezcan la producción nacional se ha convertido en la bandera del llamado desarrollo argentino.
A lo largo de los años, se han presentado múltiples justificaciones para implementar medidas proteccionistas. Inicialmente, se argumentó que era necesario resguardar a las industrias emergentes, protegiendo a las empresas recién establecidas de la competencia. Sin embargo, esta lógica resulta insostenible, ya que implicaría que el Estado garantizara cuotas de mercado a cada nuevo profesional o empresario, limitando la capacidad de atraer clientes a un sistema regulado y no al mérito productivo.



