En un contundente discurso durante su visita a Mónaco, el Papa León XIV expresó su preocupación por la creciente ostentación de la fuerza y la prevalencia de la prevaricación en el contexto actual, advirtiendo que estos fenómenos son perjudiciales para la paz global. Durante su breve estancia en el pequeño principado, el pontífice se reunió con el Príncipe Alberto II y destacó la importancia de la independencia de Mónaco como un símbolo de encuentro y cuidado de la amistad social, valores que se encuentran en peligro por un ambiente de cerrazón y autosuficiencia.
León XIV, hablando en francés desde el balcón del palacio del Príncipe, enfatizó que Mónaco, como uno de los países fundadores de la unidad europea, tiene la responsabilidad de canalizar su riqueza hacia el servicio de la justicia y el derecho. En un momento histórico marcado por la polarización y la desigualdad, el Papa instó a la comunidad internacional a reconocer que la ostentación de poder y la corrupción son obstáculos que deben ser enfrentados para preservar la paz mundial.
Durante su intervención, el líder religioso hizo hincapié en que Mónaco alberga a una población diversa, con una significativa cantidad de ciudadanos de diferentes nacionalidades que ocupan posiciones influyentes en el sector económico y financiero. Esta realidad plantea un desafío para los habitantes del principado, quienes deben reflexionar sobre su papel en el mundo y la responsabilidad que conlleva vivir en un entorno de privilegio.
Con más de un tercio de sus 39.000 habitantes poseyendo un patrimonio neto superior a un millón de dólares, Mónaco se ha consolidado como el país con la mayor concentración de millonarios en el mundo. El Papa hizo un llamado a los ciudadanos monegascos para que comprendan que cada uno de sus talentos y oportunidades tiene un destino universal, instando a la redistribución de la riqueza como una obligación moral que contribuiría a mejorar la vida de todos.
El pontífice también subrayó la importancia de poner a los pobres en el centro de las decisiones económicas y sociales, recordando que la fe católica, que es la religión de Estado en Mónaco, no debe ser un factor de división, sino un elemento que una y libere a las personas. En sus declaraciones, León XIV elogió además el compromiso del principado y de Alberto II en la promoción de una ecología integral, un tema que ha cobrado relevancia en la agenda global contemporánea.
Al finalizar su discurso, el Papa firmará el Libro de Honor en el Salón de los Espejos y tendrá la oportunidad de observar dos frescos que conmemoran visitas papales históricas a Mónaco. La jornada concluirá con un momento de recogimiento en la capilla, marcando así la importancia de la espiritualidad en un contexto donde los desafíos sociales y económicos son cada vez más evidentes. La visita del Papa a Mónaco, aunque breve, se erige como un recordatorio de la necesidad de responsabilidad y solidaridad en un mundo marcado por la desigualdad.



