Las expensas se han convertido en un tema de creciente preocupación para los hogares en la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires. En un contexto donde la inflación y el costo de vida afectan a la población, el análisis del impacto de los amenities en la estructura de gastos se vuelve fundamental. Estos espacios y servicios, que van desde piletas y parrillas hasta gimnasios y coworking, no solo son atractivos para quienes buscan alquilar o adquirir una propiedad, sino que también representan un aumento significativo en los gastos mensuales.

En los últimos años, el desarrollo inmobiliario ha evolucionado de manera notable, incorporando una variedad de amenities que antes eran considerados lujos. Hoy en día, estos elementos se han convertido en un estándar en muchos edificios y complejos habitacionales. Sin embargo, el interrogante que surge es sobre el costo que esto implica para los inquilinos y propietarios. ¿Realmente valen la pena estos servicios o se traducen en un gasto excesivo que afecta el presupuesto familiar?

Un estudio realizado por la plataforma Octavo Piso, que abarcó a 200.000 usuarios en el área metropolitana, arroja datos reveladores sobre esta situación. En edificios de la Ciudad de Buenos Aires que no cuentan con amenities, el costo promedio de las expensas se sitúa en $213.240,53. En contraste, aquellos que sí poseen estos servicios evidencian un aumento significativo, con un promedio de $263.720, lo que representa una diferencia del 23,67%. Este dato sugiere que, aunque la presencia de amenities incrementa las expensas, la magnitud de este impacto es relativamente moderada si se compara con otros factores que también influyen en el costo mensual.

Sin embargo, este análisis se vuelve aún más dramático en el caso de los barrios cerrados, donde los amenities son una característica habitual. En este segmento, las expensas promedian $636.310 en urbanizaciones que ofrecen estos servicios, frente a $443.223 en aquellas que no los incluyen. La diferencia de un 43% es considerable y refleja cómo los amenities pueden transformar radicalmente el presupuesto de una familia que resida en estos lugares.

Uno de los aspectos más relevantes que explican esta diferencia no solo radica en la infraestructura, sino también en los costos de mantenimiento y los servicios asociados necesarios para operar estos espacios. Nicolás Rossi, cofundador de Octavo Piso, señala que “en muchos casos lo que encarece las expensas de espacios con amenities no es la instalación en sí, sino los servicios y productos asociados, requeridos para su mantenimiento”. Esto implica que al evaluar la decisión de mudarse a un edificio con amenities, es crucial tener en cuenta no solo el atractivo de los mismos, sino también el costo adicional que conllevan.

El estudio también revela una clara tendencia en las preferencias de los residentes. El Salón de Usos Múltiples (SUM) destaca como el amenity más popular, presente en el 49,6% de los edificios que cuentan con servicios. Este espacio, que puede ser utilizado para diversas actividades sociales y comunitarias, se valora especialmente en un contexto donde el espacio privado se vuelve cada vez más reducido. En segundo lugar, la parrilla se posiciona con un 21,7% de aceptación, seguida por su versión integrada en terrazas o SUM, que alcanza un 9,7%. Otros amenities como el laundry, que responde a la necesidad de practicidad en unidades más compactas, tienen un 7,4% de presencia, mientras que la pileta y otros servicios como gimnasios o espacios de coworking son menos comunes, presentes en un 3,5% y un 2% respectivamente.

En conclusión, el análisis de los amenities revela un dilema importante para los inquilinos y propietarios en la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires. Si bien estos servicios pueden enriquecer la calidad de vida, es fundamental evaluar su costo real y el impacto que tienen en las expensas mensuales. La creciente morosidad, que ya roza el 20%, puede estar relacionada con esta presión financiera. Por lo tanto, el desafío radica en encontrar un equilibrio entre disfrutar de servicios que mejoren la calidad de vida y no comprometer la estabilidad económica del hogar.