El sector farmacéutico argentino ha experimentado un nuevo movimiento significativo con la reciente adquisición del laboratorio Craveri por parte del Grupo Roemmers. Este acuerdo, que se estima en aproximadamente 60 millones de dólares, marca un capítulo importante en la historia de Craveri, una empresa que ha estado presente en el mercado desde su fundación en 1886 y que ha destacado en áreas como flebología, cardiología y ginecología. La transacción refleja la creciente concentración en la industria farmacéutica nacional, en un contexto de presión regulatoria y disminución en las ventas de los laboratorios de tamaño medio.

La compra de Craveri constituye un paso más en la estrategia de expansión del Grupo Roemmers, que en el último año también adquirió Sidus, otro jugador relevante en el mercado. Con esta integración, Roemmers suma una firma que, a pesar de haber ocupado posiciones prominentes en el pasado, ha visto disminuir su participación en el mercado en los últimos años. Según informes del sector, Craveri pasó del puesto 29 en ventas en farmacias en 2017 al puesto 36 actualmente, una caída que se ha visto influenciada por factores económicos adversos y cambios en la política de adquisición de medicamentos del PAMI, que han afectado a diversos laboratorios nacionales.

El año 2019 se presentó como un periodo crítico para Craveri, en el que la firma tuvo que despedir a unos 50 empleados en medio de una fuerte devaluación y una caída generalizada en la actividad del sector. Además, la empresa inició un proceso de racionalización que implicó la venta de marcas y productos estratégicos para su operación. Este contexto de dificultades económicas ha sido un obstáculo importante para la compañía, que ha enfrentado la necesidad de adaptarse a un entorno cada vez más competitivo y complejo.

Uno de los hitos más relevantes en la historia reciente de Craveri fue la venta de Tetralgin, uno de sus medicamentos más emblemáticos para el tratamiento de migrañas, a Roemmers en 2018. Esta operación fue un indicativo del interés del grupo en diversificar su portafolio y fortalecer su presencia en el mercado. Posteriormente, Roemmers también adquirió otras líneas de productos de Craveri, como Trip D3 y Telpres, lo que demuestra un enfoque agresivo en la captación de marcas establecidas y de reconocimiento en el público.

Desde la perspectiva de la propia Craveri, el directorio de la empresa ha comunicado que la decisión de vender fue impulsada por la falta de crecimiento real en el mercado farmacéutico argentino desde 2009, con una leve disminución en los últimos dos años. Este estancamiento, sumado a la creciente concentración del mercado en manos de grandes corporaciones, ha elevado las barreras de entrada y dificultado la escalabilidad para los laboratorios de menor tamaño. Además, las exigencias regulatorias y el aumento de los costos operativos han añadido presión a las empresas que buscan mantenerse competitivas.

Los problemas financieros de Craveri también son evidentes en sus registros, con una deuda que asciende a cerca de 9.330 millones de pesos, equivalentes a aproximadamente 3,5 millones de dólares. Aunque la empresa mantenía una calificación normal hasta principios de este año, se reportaron cheques rechazados por falta de fondos, lo que indica una situación económica delicada. A pesar de estos desafíos, Craveri ha mantenido durante décadas un fuerte compromiso con la producción industrial, operando plantas en Caballito y Villa del Parque, que han sido fundamentales para su trayectoria en el sector farmacéutico.