El contexto internacional presenta matices que podrían influir en la economía local, especialmente en el ámbito de la deuda pública. Recientemente, el precio del petróleo ha mostrado una baja en el mercado de futuros, un indicio que, aunque no refleja el valor actual del crudo, sugiere una posible estabilización en las tensiones geopolíticas. Esta expectativa de paz ha motivado a los inversores a revaluar sus estrategias, impulsando una mejora en el entorno financiero, que podría beneficiar a países emergentes como Argentina.
Un dato relevante surgió desde Estados Unidos, donde el índice de precios mayoristas se ubicó en 0,5%, un número que sorprendió a los analistas al ser la mitad de lo que se preveía. Este resultado generó una reacción favorable en los bonos argentinos y en la región, evidenciando un interés renovado de los fondos internacionales en adquirir títulos de deuda. El índice que agrupa a los países emergentes reflejó un aumento del 1,9%, un signo positivo que respalda la idea de que los inversores están volviendo a confiar en la economía latinoamericana.
En este marco, el riesgo país, clave para entender la percepción del mercado sobre la estabilidad económica argentina, disminuyó en 5 puntos básicos, situándose en 525. Este descenso se vio reforzado por la noticia de un inminente desembolso de 1.000 millones de dólares, lo que reafirma las expectativas en torno a la licitación que llevará a cabo el Tesoro. Esta licitación incluye la emisión de bonos Bonar 2027 y Bonar 2028, con un monto total de 500 millones de dólares, segmentado en dos rondas.
Sin embargo, no todas las noticias fueron bien recibidas por los tenedores del Bonar 2027. El límite de precio impuesto por el Tesoro, fijado en 101,722 dólares, generó descontento, ya que este bono estaba cotizando en el mercado secundario a 102,6 dólares. Esta diferencia en las expectativas llevó a una caída abrupta en el valor del bono, revelando las tensiones que aún persisten entre el gobierno y los inversores.
La licitación tiene como objetivo renovar deuda por un total de 8,3 billones de pesos. De esta cifra, el Tesoro posee 6 billones, lo que refuerza la intención de extender los plazos de vencimiento de las letras en pesos y de los bonos que ajustan por CER. En este sentido, se prevé la inclusión de un Boncer que vence en marzo de 2029, así como la oferta de un bono dollar linked, que se ajusta a la devaluación y tiene un vencimiento programado para junio de 2028.
El esquema de canje propuesto por el gobierno incluye alternativas que permiten a los tenedores del Boncer con vencimiento a fin de año optar por diferentes plazos y tipos de bonos. Las opciones incluyen un Boncer que vence en marzo de 2028, otro en marzo de 2027, un bono dual, o uno a tasa TAMAR. La tasa TAMAR, actualmente en 21,69% anual, se aplica a plazos fijos de depósitos superiores a 1.000 millones de pesos, lo que la convierte en un indicador relevante en este contexto.
Por último, es importante destacar que los Boncer están en una posición favorable, especialmente después de que la inflación de marzo alcanzara el 3,4%, superando las expectativas de los analistas. Este incremento en la inflación genera un efecto arrastre que podría impactar en abril, impulsando la demanda por estos títulos. En la plaza secundaria, el Boncer que vence a finales de noviembre experimentó un aumento del 0,56%, consolidándose como una opción atractiva para aquellos inversores que buscan seguridad en un entorno de volatilidad cambiaria.



