En febrero, el panorama laboral en el país presentó un giro positivo con un incremento notable en el empleo registrado, alcanzando cifras similares a las de abril y mayo de 2025, antes de la conmoción electoral que sacudió al mercado. Sin embargo, este crecimiento se encuentra marcado por una preocupación subyacente: la calidad de los empleos generados. La mayor parte de este aumento provino de la incorporación de monotributistas y del sector público, mientras que el empleo asalariado privado evidenció un crecimiento mucho más modesto, lo que plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de esta recuperación.
De acuerdo a los análisis realizados por la consultora LCG, el empleo registrado total experimentó un incremento de 11.600 puestos en febrero. Este crecimiento se complementa con una revisión de los datos de enero que reveló una adición de 2.126 puestos, revirtiendo así la caída que se había registrado en el mes anterior. La revisión de los datos de diciembre de 2025 también mostró una tendencia positiva, completando un ciclo de tres meses consecutivos con variaciones al alza en el empleo.
Sin embargo, el crecimiento del empleo en febrero tiene matices. LCG identificó dos componentes clave en este aumento: por un lado, el segmento de trabajadores independientes, en particular los monotributistas, que sumaron 5.856 nuevos puestos, lo que equivale a un incremento del 0,3%. Este aumento compensó la disminución en el empleo de monotributistas sociales y otros trabajadores independientes, evidenciando una dinámica laboral compleja en la que la estabilidad es un aspecto cuestionable.
Por otro lado, el sector público también contribuyó de manera significativa, con un incremento de 5.720 puestos, lo que representa una mejora del 0,2%. Esta recuperación en el ámbito estatal es relevante, dado que el sector había sufrido caídas en enero. Sin embargo, el empleo asalariado privado se mantuvo relativamente estable, con un aumento de apenas 965 puestos en todo el mes, lo que indica una dependencia creciente del empleo estatal y de los trabajadores independientes en el contexto actual.
En términos interanuales, la situación del empleo registrado total presenta un saldo negativo, con una reducción de 11.000 puestos en comparación con el mismo mes del año anterior. La desagregación de estos datos revela una transformación preocupante: los asalariados privados perdieron 100.000 empleos, mientras que los monotributistas incrementaron su número en 90.000. Este cambio ha suscitado alertas, ya que los empleos vinculados al monotributo suelen asociarse a una menor estabilidad y protección social en comparación con el empleo asalariado tradicional.
El saldo positivo acumulado en los últimos tres meses se sustenta en el crecimiento del empleo independiente y en el sector público. La tendencia hacia un aumento sostenible de los monotributistas contrasta con la casi ausencia de cambios en el empleo asalariado privado, lo que sugiere que el camino hacia una recuperación sólida y de calidad es complejo. A medida que se analiza la composición del empleo registrado, se observa que el aumento de los monotributistas ha sido fundamental para contrarrestar las bajas en otras categorías, mientras que el avance del empleo público ha permitido mitigar los efectos negativos del inicio del año. Así, aunque el empleo registrado total ha vuelto a niveles anteriores a la crisis electoral, el desafío de mejorar la calidad del trabajo se mantiene vigente y requiere atención urgente.


