El consumo de carne vacuna en Argentina ha alcanzado en 2025 su nivel más bajo en dos décadas, con un promedio de 47,3 kilos por habitante anualmente, según datos obtenidos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra). Este notable descenso no solo refleja un cambio significativo en las preferencias alimenticias de la población, sino que también se alinea con la caída en el poder adquisitivo de los trabajadores, puesto que los precios de la carne han aumentado considerablemente por encima de la inflación general del país. De esta manera, la carne vacuna se ha vuelto cada vez más inaccesible para muchos argentinos, lo que ha llevado a un ajuste en sus hábitos alimentarios.
En el último año, específicamente entre febrero de 2025 y el mismo mes de 2026, el consumo per cápita de carne vacuna se ha reducido en 1,2 kilos, lo que representa una caída del 2,5% según los datos de Ciccra. Este descenso marca una tendencia que se ha fortalecido desde el pico histórico de 69,4 kilos registrado en 2008. En términos de comparación, el promedio actual refleja que los argentinos consumen casi 15 kilos menos de carne vacuna que hace dos décadas, cuando la cifra rondaba los 62,2 kilos por persona en 2005. Esta reducción es un indicador preocupante de cómo el acceso a la carne, un alimento tradicional en la dieta argentina, se ha visto limitado por factores económicos.
El costo de la carne ha alcanzado cifras récord, con un precio promedio por kilo que llegó a $15.895 en febrero, lo que lo convierte en el más alto en términos reales en los últimos 20 años, según un informe elaborado por la Fundación Mediterránea. Al analizar el salario promedio de los trabajadores, se evidencia una clara disminución en el poder adquisitivo en relación con el precio de la carne. Las estadísticas demuestran que entre la segunda presidencia de Cristina Fernández de Kirchner y la actual administración de Javier Milei, la capacidad de compra de carne vacuna ha caído drásticamente, pasando de 163 kilos a solo 112 kilos por cada salario promedio.
Durante la gestión de la expresidenta CFK, el salario promedio alcanzaba los $2.245.996 en valores actuales, lo que permitía comprar 163 kilos de carne. En cambio, bajo el gobierno de Mauricio Macri, el salario promedio se situó en $2.095.955, permitiendo adquirir 171 kilos. Sin embargo, en la administración de Alberto Fernández, estos valores disminuyeron a $1.825.654 y 131 kilos, respectivamente. En la actualidad, bajo el gobierno de Milei, el Ripte se encuentra en torno a $1.628.607, con un precio promedio por kilo de carne de $14.988, lo que limita el consumo a 112 kilos, una cifra alarmante que refleja la crisis del sector.
A pesar de la caída en el consumo de carne vacuna, la disminución ha sido compensada en parte por un aumento en el consumo de carne de cerdo y pollo. Según estadísticas de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, el consumo de carne porcina alcanzó un récord histórico de 18,9 kilos por habitante en 2025, lo que representa un crecimiento del 8,8% en comparación con el año anterior. Esta tendencia indica que los argentinos están optando por alternativas más accesibles y asequibles para satisfacer su necesidad de proteínas.
Asimismo, el consumo de carne aviar también ha mostrado un crecimiento significativo, alcanzando los 47,7 kilos por persona. En total, la ingesta de proteínas animales en la dieta argentina ha mantenido cifras elevadas, con un total de 116,5 kilos anuales por persona, marcando un incremento del 6% respecto al año anterior. Esto sugiere que, aunque el consumo de carne vacuna está en declive, los argentinos continúan priorizando la ingesta de proteínas, optando por opciones que se ajustan más a sus realidades económicas actuales. El panorama alimentario del país está cambiando, y la evolución de los hábitos de consumo será clave para entender las dinámicas futuras de la industria cárnica en Argentina.



