A finales de 2023, Argentina se encontraba al borde de una crisis inflacionaria extrema, lo que llevó a las autoridades económicas a adoptar medidas drásticas y urgentes. En aquel momento, la prioridad indiscutible era reducir la inflación, que había alcanzado niveles alarmantes. Gracias a un programa de estabilización basado en un ajuste fiscal sin precedentes, el país logró frenar rápidamente el incremento de precios, llevando la inflación mensual a aproximadamente un 3% hacia inicios de 2025. Aunque esta desaceleración fue un avance notable, no se trataba de una solución definitiva; los logros eran significativos, pero la situación requería un enfoque más amplio y sostenible.
Sin embargo, al llegar 2024, el panorama empezó a cambiar. Si bien la inflación continuaba siendo un tema de preocupación, especialmente por la dificultad de mantener el control sobre ella, surgieron nuevas prioridades. En este nuevo contexto, el foco se desplazó hacia el mercado laboral, que mostraba un rendimiento insatisfactorio. A pesar de que el salario real había experimentado una recuperación inicial, en los meses posteriores se estancó y, en algunos casos, retrocedió. Para inicios de 2026, el salario real se mantenía por debajo de los niveles de noviembre de 2023 y un 25% por debajo de los picos alcanzados entre 2017 y 2018.
Lo más alarmante de esta situación es el deterioro del empleo. No solo se observa una desaceleración en el nivel total de ocupación, lo que ha llevado a un aumento en la tasa de desocupación, sino que también se está produciendo una pérdida de calidad en los puestos de trabajo. Un indicativo de esto es el crecimiento del trabajo informal por cuenta propia, mientras que el empleo asalariado registrado en el sector privado está en descenso. Entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025, se estima que se perdieron más de 200.000 empleos formales en el sector privado, un fenómeno difícil de conciliar con el hecho de que, en términos generales, la economía ha aumentado su producción. Según el EMAE, el nivel de actividad actual supera en más de un 6% el registrado a finales de 2023.
La industria, por su parte, ha sufrido caídas interanuales en algunos sectores, como el acero, donde la disminución alcanza hasta el 11%. Esta situación plantea interrogantes sobre la dinámica del mercado laboral y la aparente contradicción entre el crecimiento de la producción y la pérdida de empleos. Una de las explicaciones puede relacionarse con la heterogeneidad sectorial: la recuperación económica no se ha manifestado de manera uniforme a través de todos los sectores, y aquellos que más empleo generan son los que han quedado rezagados en esta recuperación.
Un caso emblemático es el de la construcción, que ha visto una caída significativa en su actividad del 12,7% desde noviembre de 2023, lo que ha derivado en una reducción del 14,1% en el empleo en ese sector. En total, se han perdido alrededor de 62.000 puestos de trabajo formales en la construcción, un claro indicador de la fragilidad del mercado laboral en este contexto de recuperación económica.
No obstante, la situación laboral refleja un proceso más profundo que va más allá de las fluctuaciones sectoriales. La desaparición de empleos que solo eran sostenibles bajo el régimen económico anterior ha comenzado a ser una realidad. Durante años, la combinación de alta inflación, controles cambiarios, subsidios y tasas de interés negativas generó un entorno que permitía mantener estructuras productivas ineficientes. En este sentido, la transición hacia un nuevo paradigma económico se presenta como un desafío monumental, donde la creación de empleo de calidad y sostenible se convierte en una meta fundamental para el futuro del país.



