Desde el inicio de 2023, muchos analistas han mantenido una postura optimista respecto a las inversiones en moneda local, impulsadas por un contexto internacional favorable, tasas de interés reales atractivas y flujos financieros positivos. A principios de año, las estrategias de carry trade parecían ser una opción muy rentable, cumpliendo con las expectativas de los inversores. Por ejemplo, un portafolio conformado por un 50% en bonos TZX26 y un 50% en T30A7 logró un rendimiento acumulado del 9,7% en pesos y del 13,5% en dólares hasta el 19 de marzo. En contraste, los bonos en dólares apenas ofrecieron un retorno promedio del 0,9%, mientras que el índice S&P Merval experimentó una caída del 6% en términos de dólares.
No obstante, en las últimas semanas, algunos de los factores que favorecieron estas estrategias han comenzado a debilitarse, generando un entorno menos propicio para el carry trade. Aunque persisten ciertos apoyos tácticos a corto plazo, la relación entre riesgo y retorno ya no se presenta tan atractiva como en los primeros meses del año. Las condiciones que inicialmente pintaban un panorama positivo para los activos en pesos se ven amenazadas por la creciente incertidumbre en los mercados globales.
El año 2026 había sido anticipado como un período favorable para los mercados emergentes, con expectativas de recortes en las tasas de interés de la Reserva Federal de Estados Unidos a partir del cambio en la presidencia de Jerome Powell. Sin embargo, el reciente estallido del conflicto bélico entre Estados Unidos, Israel e Irán ha alterado drásticamente estas proyecciones. Este conflicto ha incrementado notablemente la volatilidad en los activos financieros, creando un escenario de incertidumbre que complica las decisiones de inversión y lleva a los inversores a adoptar posturas más conservadoras.
La escalada de tensiones internacionales también ha tenido un impacto directo en el mercado del petróleo, cuyo precio se disparó tras el cierre del estrecho de Ormuz. Esta situación está presionando al alza las tasas de interés y fortaleciendo al dólar, lo que añade un nivel adicional de complejidad al panorama económico. Por ejemplo, el índice DXY, que había disminuido un 1,6% desde fines de 2025 hasta mediados de febrero, ha recuperado un 3,1% desde que comenzaron las especulaciones sobre un posible ataque estadounidense a Irán. Asimismo, la tasa de interés a dos años en Estados Unidos ha aumentado 50 puntos básicos desde el mismo periodo.
La notable subida del precio del petróleo, que ha superado el 50% en un mes, tiene implicaciones directas sobre la inflación, lo que limita la capacidad de los bancos centrales para recortar tasas a nivel global. Este cambio de contexto ha dejado de ser un viento de cola para las estrategias en pesos y se ha convertido en un factor de riesgo relevante, especialmente para aquellos que dependen de la estabilidad cambiaria en sus inversiones.
Sin embargo, es importante destacar que el impacto de esta situación en Argentina es significativamente menor al sufrido durante la invasión rusa a Ucrania en 2022. El país ha logrado transformarse de un importador neto de energía a un exportador neto, lo que mejora su posición en el contexto actual. Aunque el aumento del riesgo y el fortalecimiento del dólar no favorecen la apreciación del peso, la balanza energética podría ofrecer cierta resistencia al impacto de estas dinámicas internacionales. En este sentido, los analistas se encuentran evaluando si es el momento adecuado para dolarizar las carteras de inversión, en un entorno que exige mayor cautela y estrategia.



