La reciente aprobación de la reforma laboral en la Cámara de Diputados, que ahora debe ser revisada por el Senado para convertirse en ley, representa un cambio significativo en la forma en que se gestionan las horas de trabajo en el país. Esta iniciativa introduce el concepto de banco de horas, un mecanismo que permite a los empleadores y empleados sustituir el pago convencional de horas extras por la acumulación de tiempo libre compensatorio.
Este nuevo enfoque no implica la eliminación total de las horas extras, sino que ofrece una alternativa que busca adaptar la jornada laboral a las necesidades de los diferentes sectores productivos. El banco de horas funciona como un sistema de créditos y débitos de tiempo, donde los trabajadores que exceden su horario habitual durante períodos de alta demanda pueden acumular ese tiempo para utilizarlo luego como descanso, en lugar de recibir el habitual recargo monetario por horas adicionales.
La implementación de este sistema está sujeta a condiciones específicas que se detallan en la reforma. Para los empleadores, el banco de horas se presenta como una estrategia para optimizar costos, especialmente en industrias con alta estacionalidad. Mientras tanto, desde la perspectiva del trabajador, esta medida plantea un cambio en la valoración del tiempo extra, que deja de ser únicamente monetario para convertirse en tiempo personal disponible. Sin embargo, esta transformación genera debate, ya que algunos sectores advierten que podría afectar el salario real de aquellos que dependen de las horas extras para complementar sus ingresos mensuales.



