La economía argentina enfrenta un nuevo escenario en el segundo semestre de 2023, marcado por la aceleración del dólar y la escasez de liquidez en el sistema financiero. Estos cambios se producen en un contexto donde el gobierno busca moderar la presión sobre el tipo de cambio, mientras que las proyecciones de inflación comienzan a mostrar signos de moderación, dejando atrás el protagonismo que había tenido en los primeros meses del año. En este nuevo panorama, los analistas advierten que el tipo de cambio será la variable más observada, seguida por las tasas de interés y, en tercer lugar, la evolución de los precios.

La atención de los operadores en la city financiera se ha centrado en la reciente subida del dólar estadounidense y en la expectativa de una reclasificación por parte de MSCI, la cual finalmente no se concretó. Esta situación ha llevado a un replanteo de las variables que se monitorean con más atención, modificando el enfoque que predominaba a comienzos de año, cuando la inflación ocupaba el primer lugar en la lista de preocupaciones económicas. Ahora, el futuro inmediato del dólar se convierte en el eje central del análisis económico.

Desde Grupo SBS, se destacó que el entorno de tasas de interés reales negativas puede generar eventualmente presiones sobre el tipo de cambio. Sin embargo, los expertos consideran que la reciente volatilidad del dólar está más vinculada a factores externos que a la situación interna del mercado de tasas. Esto sugiere que, a pesar de las fluctuaciones, el contexto internacional seguirá teniendo un peso significativo en la dinámica cambiaria.

Justina Gedikian, analista senior de Renta Fija de Cohen Aliados Financieros, señaló que el aumento en la presión sobre el dólar observado en junio se relaciona con un proceso que ha estado desarrollándose durante varios meses. El tipo de cambio real ha caído más del 9% en lo que va del año, y el ajuste del tipo de cambio oficial entre mayo y junio apenas ha compensado un 1,8% de esa caída. A esto se añade el fortalecimiento del dólar a nivel global, lo que impacta en todas las monedas, incluido el peso argentino.

Con el tipo de cambio real aún muy por debajo de los niveles iniciales del año y con una liquidación agropecuaria que se espera que disminuya a medida que avanza el semestre, se anticipa que el dólar podría continuar ajustándose. También se observan señales de reactivación en la demanda importadora, lo que podría tener un efecto adicional en la evolución del tipo de cambio en el corto plazo.

En cuanto a las tasas de interés, Grupo SBS advirtió que ante posibles presiones sobre el tipo de cambio, la respuesta más probable del gobierno sería un incremento en las tasas, lo que podría generar un riesgo de capital para quienes mantengan inversiones en pesos. La política de tasas reales negativas busca impulsar sectores rezagados de la economía mediante el acceso al crédito, pero esta estrategia podría tener efectos negativos si se prolonga demasiado.

Finalmente, en lo que respecta a la inflación, las proyecciones sugieren que el proceso de desinflación podría continuar de manera gradual en el mediano y largo plazo. Según estimaciones de BBVA Research, se espera que la inflación alcance el 29% hacia finales de 2026 y se reduzca al 20% en 2027, en un entorno de menor volatilidad financiera y estabilidad cambiaria. La próxima semana se anticipa crucial para las tasas de interés, a medida que la demanda de liquidez del sector privado se acerque a niveles clave.