El dólar oficial en Argentina se mantiene estable en medio de un clima de incertidumbre internacional. El tipo de cambio mayorista cerró la jornada del jueves a $1.394,50, mostrando una resistencia ante las turbulencias que afectan a los mercados globales. En el ámbito local, el índice S&P Merval registró su segunda jornada de ganancias, aunque los American Depositary Receipts (ADRs) presentaron un comportamiento dispar. Sin embargo, el verdadero golpe vino del lado de los bonos, que experimentaron una mayoría de pérdidas, lo que llevó al riesgo país a superarse a sí mismo, ubicándose por encima de los 600 puntos. Este viernes, todas las miradas en la city estarán dirigidas hacia las actualizaciones relacionadas con la guerra en Medio Oriente, que sigue influyendo en el precio del petróleo, que se mantiene por encima de los 100 dólares el barril de Brent.
El reciente conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha provocado un aumento significativo en la brecha entre el precio del petróleo Brent del Mar del Norte y el West Texas Intermediate (WTI), alcanzando un diferencial de más del 13% este jueves. Este spread es el más amplio desde 2013, cuando se registró una diferencia cercana a los 23 dólares. Desde el inicio de las hostilidades a fines de febrero, el petróleo Brent ha visto un incremento superior al 50%, mientras que el WTI ha escalado más de un 40%. En lo que va del año, los contratos de ambos tipos de crudo han experimentado un aumento que oscila entre el 65% y el 75%, evidenciando la volatilidad del sector.
A pesar de la situación global, el contexto argentino se presenta como un escenario complejo. La nación se encuentra atrapada en una especie de limbo, donde coexisten las promesas de un auge petrolero gracias a Vaca Muerta y sus alrededores, junto con las vulnerabilidades evidentes del programa económico del gobierno de Javier Milei. Esta dualidad se torna más aguda con las continuas noticias de corrupción que rodean al actual gobierno, creando un ambiente de desconfianza entre los inversores y la población en general.
La euforia que caracterizó al triunfo electoral oficialista en octubre, así como el breve respiro en el ámbito financiero y cambiario que se vivió a fines de enero, cuando el riesgo país cayó por debajo de los 500 puntos, se ha desvanecido en medio del conflicto internacional. Argentina, que había visto un descenso significativo del riesgo país desde niveles alarmantes de 1.460 puntos en septiembre, ahora enfrenta una nueva realidad marcada por la inestabilidad. Este panorama se complica aún más con la creciente morosidad de las familias, que ha alcanzado el 10,6%, el nivel más alto en más de 20 años.
Un informe de la consultora 1816 revela que la morosidad ha crecido por quince meses consecutivos y que la situación es aún más preocupante en el ámbito de las entidades no financieras, donde la irregularidad en el pago de créditos supera el 27%. Esta situación impacta directamente en las fintechs, como es el caso de Ualá, que ha estado en el centro de la atención mediática en los últimos días debido a la dificultad para recuperar los créditos otorgados. Se destaca que parte de la diferencia entre la morosidad en entidades financieras y no financieras se puede atribuir a las altas tasas de interés.
En este contexto, aunque las tasas activas han mostrado una ligera disminución, la Tasa Efectiva Anual (TEA) real promedio de los préstamos personales alcanzó el 40% en entidades financieras, mientras que en las no financieras podría haber rondado el 150%. Esta situación genera un círculo vicioso donde la imposibilidad de cumplir con las obligaciones crediticias se convierte en un problema estructural para muchas familias argentinas, acentuando la crisis económica en un país que ya enfrenta múltiples desafíos. Así, el impacto de la guerra en Medio Oriente no solo afecta a los precios internacionales, sino que también reconfigura el panorama económico local, obligando a los ciudadanos y a la economía a adaptarse a un entorno cada vez más adverso.



