En Latinoamérica, la tradición de resguardar los ahorros en una moneda fuerte continúa vigente, a pesar de los cambios económicos que atraviesa la región. En particular, en Argentina, esta práctica ha llevado a que más de 200.000 millones de dólares se mantengan en efectivo, bajo el colchón o fuera del sistema financiero formal. Sin embargo, acumular dólares en este contexto no solo resulta ineficaz, sino que también puede ser perjudicial para los ahorristas, quienes ven cómo su capital se devalúa con el tiempo.
De acuerdo con el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el total de dinero fuera del circuito formal en Argentina alcanzó la cifra alarmante de 279.476 millones de dólares durante el tercer trimestre de 2025. A pesar de la implementación de la Ley de Inocencia Fiscal, que busca incentivar la repatriación de capitales, la informalidad sigue siendo la opción preferida por muchos ciudadanos. Esta tendencia refleja una histórica desconfianza en la estabilidad de la moneda local, pero también pone de manifiesto una falta de comprensión sobre la evolución del valor del dólar a nivel global.
Es innegable que el dólar ha mantenido su estatus como refugio en comparación con el peso argentino, pero esta percepción es engañosa. La fortaleza de la divisa estadounidense es relativa y no está exenta de riesgos. Un análisis de la evolución del valor del dólar a lo largo de los años demuestra que, aunque en el corto plazo pueda parecer una opción segura, en el largo plazo su poder adquisitivo también ha disminuido considerablemente. Por ejemplo, en 1964, 20.000 dólares eran suficientes para comprar una vivienda promedio en Estados Unidos; para el año 2000 esa cifra había aumentado a 120.000 dólares, y hoy en día, el promedio se sitúa en 400.000 dólares.
El Índice de Precios al Consumidor del Bureau of Labor Statistics pone de relieve que el poder adquisitivo del dólar se redujo en un 83% entre 1975 y 2025. Además, el Índice DXY, que mide el valor del dólar frente a otras monedas, sufrió una caída del 10% en la primera mitad de 2025, marcando su peor rendimiento en medio siglo. Estos datos indican que la supuesta seguridad del dólar como refugio para los ahorros está siendo puesta a prueba por la volatilidad de la economía global.
El panorama económico internacional, marcado por conflictos geopolíticos y tensiones financieras, no augura un futuro estable para la moneda estadounidense, lo que ha llevado a consultoras como Morgan Stanley a prever un 2026 con mayor inestabilidad. Los ahorristas que optan por mantener sus fondos en dólares no cuentan con acceso a los beneficios fiscales ni a los programas sociales financiados por la emisión de la Reserva Federal, lo que los coloca en una situación de desventaja. Este fenómeno se puede entender a través del Efecto Cantillon, que describe cómo la expansión de la base monetaria beneficia a quienes están más cerca de la creación de dinero, mientras que perjudica a aquellos que se encuentran más alejados de este proceso.
Es evidente que guardar dólares en casa solo lleva a una pérdida de valor año tras año. La relación entre el dólar y el peso, ya sea en un contexto coyuntural o histórico, no garantiza que el capital se mantenga intacto. Los datos demuestran que los dólares que permanecen inactivos son, en efecto, dólares que se duermen y, por ende, capital en declive. La única manera probada de protegerse contra la devaluación del dinero es generando rendimientos, lo que implica poner a trabajar esos ahorros, en lugar de dejarlos inertes bajo el colchón.



