El proceso de desaprendizaje se ha vuelto fundamental en el ámbito del liderazgo, especialmente en épocas de incertidumbre. A menudo, los programas de formación en liderazgo se enfocan únicamente en la adquisición de nuevas habilidades, dejando de lado la importancia de deshacerse de creencias y patrones preestablecidos. Aprender a soltar es un componente esencial para mejorar la capacidad de liderazgo.
Una de las primeras acciones para expandir esta capacidad es hacer una pausa reflexiva en lugar de apresurarse a encontrar soluciones. Este desaprendizaje implica liberarse de la idea de que actuar rápidamente es sinónimo de fortaleza. Durante ese instante de silencio, se puede observar más claramente lo que está ocurriendo, identificar tensiones y comprender mejor los temores que afectan al equipo. Al nombrar una tensión y luego detenerse, se reconoce que la complejidad del problema requerirá un enfoque más profundo y considerado.
Además, es crucial desaprender la necesidad de ofrecer seguridad superficial. Los líderes deben aprender a nombrar las dificultades de manera clara y compasiva, lo que permitirá a los equipos procesar y asimilar la realidad de la situación. Comenzar las reuniones abordando directamente las tensiones que se perciben puede facilitar un diálogo constructivo y generar un ambiente de trabajo más colaborativo. Asimismo, compartir la carga emocional y la incertidumbre con el equipo en lugar de cargar con todo en soledad puede fomentar una cultura de apoyo y colaboración, esencial para enfrentar los desafíos actuales.



