La economía argentina ha mostrado un comportamiento dual en los primeros dos años del gobierno de Javier Milei, donde ciertos sectores experimentan crecimiento en actividad y empleo, mientras otros, principalmente en el ámbito formal, enfrentan una significativa contracción. Esta situación se refleja en los datos del empleo y el consumo, evidenciando una clara divergencia entre las dinámicas de las distintas áreas del país. Los centros urbanos, afectados por la reducción de subsidios y el aumento de los costos de vida, contrastan con el impulso que han recibido sectores como la energía, la minería y la agricultura en el interior, donde se han implementado incentivos fiscales que favorecen su producción.

En este contexto, Martín Rapetti, licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires (UBA), y director de Equilibra, compartió su análisis sobre la actual coyuntura económica en una reciente entrevista. Rapetti, quien también es investigador del Conicet y profesor de Macroeconomía II en la UBA, destaca que, aunque los indicadores de actividad presentan un crecimiento promedio del 4,4% en comparación con 2024, este número oculta realidades complejas. Es importante señalar que este crecimiento se fundamenta en una comparación estadística que no refleja la situación del mercado de trabajo en el presente, ya que desde inicios de 2025, el avance económico ha sido escaso, con un incremento de solo el 2,1% desde enero.

La heterogeneidad sectorial es otro aspecto crucial que Rapetti enfatiza. Mientras la economía muestra cifras positivas en términos generales, sectores vitales como la industria manufacturera, la construcción y el comercio han sufrido retrocesos significativos. Por el contrario, áreas como la agricultura, la minería y la actividad financiera han sido las principales impulsoras del crecimiento económico bajo la gestión de Milei. Este fenómeno pone de manifiesto la dependencia de ciertos sectores productivos que, aunque en auge, no logran compensar las caídas en otros ámbitos.

El empleo también presenta un panorama preocupante. Según Rapetti, en los últimos dos años ha habido una caída notable en el empleo registrado, con una pérdida de aproximadamente 190.000 puestos de trabajo en el sector privado formal. En contraste, el empleo informal ha crecido con fuerza, lo que sugiere una transformación en la calidad del trabajo disponible. Muchas personas que anteriormente contaban con empleos estables y con beneficios sociales ahora se ven forzadas a realizar trabajos informales para subsistir, lo que implica un deterioro cualitativo en las condiciones laborales que las estadísticas globales no logran reflejar adecuadamente.

En relación a las reformas laborales impulsadas por el gobierno de Milei, Rapetti sugiere que es necesario evaluar cómo estas modificaciones podrían impactar en el mercado laboral argentino. Si bien algunos argumentan que la desregulación podría fomentar la creación de empleo, el contexto actual de estancamiento y la creciente informalidad plantean serias dudas sobre la efectividad de estas políticas. La necesidad de un enfoque más integral que contemple no solo el crecimiento cuantitativo, sino también la calidad del empleo, se vuelve urgente en este escenario.

Finalmente, la dinámica económica de Argentina necesita ser monitoreada con atención, considerando no solo los números en términos de crecimiento, sino también la realidad de sus trabajadores y las condiciones de vida de sus ciudadanos. La capacidad del Banco Central para acumular reservas, y su estrategia de compra de dólares, será fundamental para estabilizar la economía en el futuro. El equilibrio entre crecimiento y bienestar social se presenta como un desafío que el gobierno deberá enfrentar en los próximos años, buscando soluciones que beneficien a todos los sectores de la sociedad. La visión de expertos como Rapetti será clave para delinear un camino hacia una economía más inclusiva y sostenible.