El Gobierno argentino ha reafirmado su objetivo de alcanzar un superávit primario del 2,2% del Producto Bruto Interno (PBI) para el año 2026. Sin embargo, el contexto actual presenta importantes dificultades, ya que durante el mes de febrero, gran parte de los resultados fiscales positivos se sustentaron en ingresos extraordinarios. La caída de los ingresos tributarios en términos reales ha puesto al gasto público en el centro del debate, convirtiéndose en la principal variable de ajuste para mantener el equilibrio fiscal en los próximos meses.
Recientes estadísticas indican que el Sector Público Nacional logró un superávit primario de 1,4 billones de pesos en febrero, junto con un superávit financiero de 0,1 billones. De acuerdo a lo que informaron desde la consultora Facimex, el Gobierno ha ajustado el gasto a medida que los ingresos han disminuido. En este sentido, el gasto primario se situó en un 14,2% del PBI en los últimos doce meses, la cifra más baja desde junio de 2007. Este recorte se ha traducido en una caída del 8,8% en términos reales interanuales y del 3,4% mensual, lo que indica un cambio significativo en la estrategia fiscal del país.
Por su parte, la consultora CEPEC ha subrayado la precariedad del equilibrio en las cuentas fiscales, señalando que si bien se mantiene un superávit, este depende excesivamente de ingresos extraordinarios. En un contexto donde los ingresos tributarios han decrecido en términos reales, el ajuste del gasto se convierte en el pilar fundamental para sostener el equilibrio fiscal, lo que genera preocupación entre los economistas respecto a los efectos que esto podría tener en la inflación y el crecimiento económico.
Claudio Caprarulo, economista y director de Analytica, ha analizado la reciente caída de ingresos, atribuyéndola en parte a la baja de ciertos impuestos, como el de bienes personales, y a una desaceleración en la actividad económica. No obstante, Caprarulo anticipa que con el inicio de la cosecha gruesa y la inminente actualización del impuesto a los combustibles a partir de marzo, se podrían observar mejoras temporales en la recaudación. Sin embargo, estas proyecciones se ven opacadas por la tendencia negativa actual, donde la recaudación tributaria se mantiene en terreno negativo, con un descenso del 8,8% en términos reales interanuales.
La consultora ACM ha advertido que si esta tendencia se mantiene, el cumplimiento de las metas fiscales dependerá en gran medida del control del gasto, ya que no hay margen para aumentar los ingresos mediante incrementos impositivos. En este sentido, el programa de privatizaciones impulsado por el Gobierno se presenta como una posible fuente alternativa de ingresos extraordinarios. Activos como las centrales hidroeléctricas del Comahue y potencialmente empresas públicas como AySA están en la mira, lo que podría contribuir a sostener el resultado fiscal en el corto plazo.
Matías Rajnerman, jefe de Macroeconomía del Banco de la Provincia de Buenos Aires, ha indicado que, aunque en la primera etapa de la gestión de Javier Milei se logró una consolidación de las cuentas públicas, el desafío persiste. La necesidad de mantener un equilibrio fiscal en un entorno donde los ingresos son volátiles y la presión sobre el gasto sigue en aumento, plantea un escenario complejo para el futuro económico del país. Con el horizonte de un superávit que depende de factores extraordinarios y la inminente necesidad de ajustes, el camino hacia la estabilidad fiscal se vislumbra lleno de obstáculos y decisiones difíciles que deberán tomarse en el corto y mediano plazo.



