La administración actual enfrenta un panorama complicado en su intento por reducir el riesgo país y facilitar el acceso a financiamiento internacional. La estabilización del tipo de cambio y un proceso de desinflación son parte de los objetivos que el Gobierno se ha propuesto, pero la persistente alta del riesgo país sigue siendo un obstáculo significativo. Este indicador, que refleja la percepción del riesgo asociado a invertir en Argentina, no logra alinearse con los niveles más bajos de otros países de la región, lo que complica la normalización económica que el país tanto anhela.
El contexto económico se caracteriza por una fuerte necesidad de divisas para cumplir con las obligaciones internacionales, lo que repercute negativamente en las reservas, que aún son escasas pese a la activa intervención del Banco Central en el mercado cambiario. A pesar de los esfuerzos por acumular reservas, la situación se ve agravada por la falta de un entorno favorable que estimule la inversión y la confianza en el sistema financiero nacional. En este sentido, el Gobierno ha impulsado la Ley de Inocencia Fiscal, una normativa que busca incentivar a los ciudadanos a traer sus ahorros en dólares al sistema bancario, donde se estima que hay alrededor de 220.000 millones de dólares en efectivo que no están registrados.
Además, el Tesoro Nacional ha optado por emitir bonos en dólares bajo legislación local, como los AO27 y AO28, con el objetivo de obtener financiamiento a corto plazo. Este movimiento se dirige especialmente a cubrir los próximos vencimientos de bonos, que están programados para julio de 2026 y enero y julio de 2027. La intención es enviar un mensaje claro a los acreedores, buscando generar confianza y contribuir a la disminución del riesgo país. Los títulos emitidos tienen un riesgo implícito que oscila entre 200 y 350 puntos básicos, lo que es más comparable con el de otros países de la región.
Un dato relevante es que si el riesgo país argentino logra descender por debajo de los 400 puntos básicos, esto podría abrir nuevas oportunidades para que el Tesoro acceda a financiamiento en mercados internacionales. Este escenario liberaría las divisas que actualmente entran al país por superávit comercial e inversión extranjera, impulsando así la actividad económica. La reciente victoria de Javier Milei en las elecciones presidenciales ha tenido un impacto inmediato, logrando reducir el riesgo país de 2.400 puntos básicos a menos de 600 en un corto período, alcanzando un mínimo de 481 puntos básicos a finales de enero de 2024.
Sin embargo, el camino hacia una mejora sostenida del riesgo país se enfrenta a retos tanto internos como externos. En el ámbito internacional, la preocupación por el aumento de las tasas de interés ha generado un contexto de aversión al riesgo que afecta especialmente a los bonos argentinos. A nivel local, se destacan dos factores críticos que perpetúan la alta medición del riesgo país, impidiendo la emisión de nuevos bonos en el extranjero: la fragilidad del mercado y la elevada carga de vencimientos que debe afrontar el país.
El riesgo país se define como la diferencia en las tasas de interés entre los bonos del Tesoro de Estados Unidos y los de países emergentes como Argentina. Por ejemplo, con tasas de retorno en EE.UU. que oscilan entre el 4% y el 5% anual, un riesgo de 500 puntos básicos para Argentina implica que cualquier nuevo bono soberano debería ofrecer una tasa de interés de aproximadamente el 10% anual en dólares. Esta situación representa una carga considerable para la economía argentina, que ya enfrenta desafíos significativos para cumplir con sus obligaciones financieras. La situación es compleja, y aunque se han realizado avances, el camino hacia la normalización económica y la reintegración a los mercados internacionales aún parece largo y lleno de obstáculos.



