La industria vitivinícola de Argentina ha demostrado una vez más su capacidad para generar ingresos, alcanzando exportaciones por 933 millones de dólares, con un aumento interanual del 15,3%. No obstante, los primeros indicadores de 2025 muestran un estancamiento en el sector, con caídas en volumen y facturación debido a una carga impositiva que consume hasta el 62,4% de las ganancias de una bodega integrada.

Con 199.946 hectáreas cultivadas y 22.039 viñedos distribuidos en 18 provincias, la vitivinicultura se posiciona como una de las diez principales cadenas agroexportadoras del país. Argentina ocupa el undécimo lugar en exportación de vino a nivel mundial, además de ser el séptimo productor y noveno consumidor global. Sin embargo, el debate se centra no solo en el posicionamiento internacional, sino en la necesidad de mejorar la competitividad estructural del sector.

Mario González, presidente de la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), destaca que a pesar del potencial exportador del sector, es fundamental contar con un entorno predecible que favorezca la inversión. Por su parte, Fabián Ruggeri, quien asumirá la presidencia de COVIAR en marzo, subraya que el foco para 2026 será la consolidación de mercados y la diversificación de destinos, además de mejorar la competitividad del sistema vitivinícola. La vitivinicultura no solo aporta divisas, sino que también es crucial para la generación de empleo, creando aproximadamente 72 puestos de trabajo por cada 100 hectáreas cultivadas.