En marzo, el consumo en Argentina mostró claros signos de deterioro, cerrando el primer trimestre del año con cifras preocupantes. La inflación, que se ha intensificado en los últimos meses, junto con la erosión del poder adquisitivo de los salarios, ha contribuido a esta tendencia negativa en el consumo. Según los datos recientes, las ventas en supermercados registraron una caída interanual del 5,1%, marcando así la disminución más significativa desde noviembre de 2024, cuando el consumo alcanzó niveles récord debido al impacto de la aceleración inflacionaria.

En términos trimestrales, las ventas en supermercados experimentaron una contracción del 3,1% en comparación con el mismo periodo del año pasado. Este estancamiento a precios constantes resalta la incapacidad del consumo para recuperarse, mientras que la inflación continúa como un factor predominante. En marzo, el índice de precios al consumidor se situó en un 3,4%, lo que ha generado un clima de incertidumbre y cautela entre los hogares argentinos, que ven cómo sus salarios se estancan y sus gastos cotidianos se incrementan.

El escenario en los shoppings no es menos alarmante, ya que en marzo se registró una disminución del 13,3% en las ventas interanuales a precios constantes. Aunque hubo un leve repunte mensual del 1,2% desestacionalizado, este aumento no logró compensar el impacto de una caída trimestral del 5,7%. La situación en estos centros comerciales pone de manifiesto el cambio en los hábitos de consumo de los argentinos, quienes, cada vez más, optan por alternativas de compra que se ajusten a su presupuesto limitado.

Por otro lado, los autoservicios mayoristas también enfrentan dificultades, con una caída del 1,2% en las ventas mensuales desestacionalizadas, marcando el descenso más pronunciado desde septiembre de 2025. En el acumulado del primer trimestre, el consumo en este sector se contrajo un 2,6% en comparación con el año anterior, llevando a una caída anual del 7,2%. Este panorama sugiere una tendencia generalizada de recesión en el consumo, que afecta tanto a los grandes supermercados como a los pequeños comercios.

Los datos reflejan la complejidad de la situación económica actual, donde a pesar de que las ventas a precios corrientes muestren incrementos nominales, estos se ven superados por la dinámica inflacionaria. En supermercados, la facturación aumentó un 20,5% interanual, y en mayoristas, el incremento fue del 16,7%. Sin embargo, estos aumentos no son suficientes para contrarrestar la caída en el consumo real, lo que genera un efecto negativo en la percepción de los compradores.

Un aspecto interesante que surge de la encuesta del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) es el cambio en los métodos de pago utilizados por los consumidores. Las compras realizadas con tarjeta de crédito en supermercados han alcanzado el 44,9% de las transacciones, un crecimiento del 18,2% interanual. Además, los pagos mediante billeteras virtuales y códigos QR han aumentado un 47,5%, lo que puede estar relacionado tanto con las promociones ofrecidas por bancos como con la necesidad de los consumidores de adaptarse a nuevas formas de pago que les permitan optimizar sus gastos en un contexto económico desafiante.