La estructura social argentina se organiza en diversos estratos, definidos en gran medida por los ingresos mensuales de cada hogar. Un reciente análisis del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, publicado en febrero de 2026, revela que el país presenta una marcada desigualdad, donde coexisten sectores con capacidad de ahorro y otros que apenas logran satisfacer sus necesidades básicas. Los datos, ajustados a octubre de 2025, permiten establecer un panorama claro sobre los ingresos necesarios para que una familia se considere parte de la clase media, así como las diferencias que existen entre los distintos grupos sociales.

Para ser clasificado dentro de la “clase media integrada”, el informe establece que un hogar debe tener ingresos mensuales que oscilen entre los $5.000.000 y los $15.000.000. Este segmento abarca aproximadamente el 20% de los hogares en las áreas urbanas de Argentina. Justo por encima de este grupo se encuentra la clase media alta, que se define por ingresos que van de los $15.000.000 a los $30.000.000 mensuales, representando el 7% de las familias. En la cúspide, la élite socioeconómica, que constituye el 3% de los hogares más acaudalados, recibe ingresos a partir de los $30.000.000 mensuales.

El informe también señala que el tercio superior de la estructura social está compuesto por clases medias-altas y altas, que están completamente integradas en circuitos formales y globalizados de alta productividad. Este sector tiene acceso a bienes públicos de calidad, capacidad de ahorro e inversión en educación, lo que les permite tomar decisiones económicas a largo plazo. Por otro lado, justo debajo de la clase media integrada se encuentra el sector medio aspiracional, que abarca ingresos de $3.500.000 a $5.000.000 mensuales, también representando el 20% de los hogares. Este grupo se caracteriza por su inestabilidad laboral y una creciente frustración debido a la incertidumbre económica y la falta de confianza en el sistema político, afectando sus expectativas de movilidad social.