Un grave escándalo se ha desatado en la Cámara Federal de Apelaciones de Córdoba, donde dos jueces y dos funcionarios han sido imputados por presuntas irregularidades en la gestión del tribunal y por maltrato laboral. Esta situación ha generado una profunda preocupación en el ámbito judicial y ha puesto en tela de juicio la integridad de las instituciones en la provincia. La acusación, que ha sido impulsada por los fiscales federales Pablo Nicolás y Maximiliano Hairabedian, abarca múltiples cargos, entre los que se incluyen la manipulación de expedientes de gran importancia económica y el ejercicio de violencia laboral.
Los principales acusados son dos camaristas que, junto a un secretario penal y otro de superintendencia, han sido señalados por haber orquestado maniobras internas para adjudicarse causas de relevancia económica. Según se detalla en la denuncia, los imputados habrían manipulado la conformación de las salas del tribunal, aprovechando la ausencia de dos jueces naturales y el sistema rotativo que regula el tercer voto. Este esquema habría permitido que los acusados intervinieran de manera directa en resoluciones de expedientes que involucraban intereses significativos, particularmente en el sector agroindustrial, lo que representa un claro conflicto de intereses.
La denuncia fue presentada por una secretaria del tribunal, quien ha expuesto no solo las irregularidades en la conformación del tribunal, sino también su experiencia de maltrato laboral. Según su abogado, Claudio Orosz, la funcionaria se vio obligada a enfrentar represalias tras negarse a firmar un documento que consideraba ilegal. Esta negativa habría desencadenado una serie de humillaciones y violencia psicológica que, según el testimonio de Orosz, llevaron a la secretaria a solicitar una licencia médica debido al deterioro en su salud física y mental como consecuencia de esta situación de acoso.
Las acusaciones formales que pesan sobre los imputados incluyen abuso de autoridad, violación de los deberes de funcionario público, falsedad ideológica y coacción. Además, el secretario de superintendencia se encuentra bajo la mira por un supuesto falso testimonio. Esta serie de delitos no solo afecta a los individuos implicados, sino que también lanza una sombra sobre la credibilidad del sistema judicial en Córdoba, un tema que ya ha suscitado inquietudes en la opinión pública.
El abogado defensor, Carlos Nayi, ha salido al cruce de las acusaciones, asegurando que sus defendidos son inocentes de cualquier conducta que pueda ser considerada penalmente relevante. En declaraciones a la prensa, Nayi enfatizó que la investigación en curso demostrará que los hechos denunciados son infundados. Sin embargo, la gravedad de las acusaciones y la notoriedad del caso han generado un clima de desconfianza y escepticismo entre los ciudadanos respecto al funcionamiento del Poder Judicial.
La investigación, que está siendo llevada a cabo bajo la órbita de la Justicia federal, se desarrolla en un contexto donde la Cámara Federal de Apelaciones de Córdoba opera con dos jueces menos de los que establece la ley, lo que agrava aún más la situación. Este vacío en la estructura judicial podría tener un impacto significativo en la capacidad del tribunal para abordar otros casos, lo que genera una preocupación adicional sobre el estado de la justicia en la provincia.
Este escándalo en Córdoba no es un caso aislado. Recientemente, en Rosario, se ha confirmado el procesamiento de un juez federal implicado en la venta de fallos judiciales a cambio de coimas, lo que pone de manifiesto un problema sistémico en la administración de justicia en Argentina. Estos incidentes han desatado un debate urgente sobre la necesidad de reformar el sistema judicial para restaurar la confianza pública y garantizar que se actúe con transparencia y ética en todas las instancias del poder judicial.



