La reciente clausura de la planta de Fate y la paralización de una de las fábricas de Stellantis hasta fin de mes evidencian un problema estructural en la industria automotriz argentina. Este contexto ha generado un panorama competitivo cada vez más adverso para el sector, que se enfrenta a una creciente presión internacional y a la necesidad de adaptarse a nuevas condiciones de mercado.
La situación actual resalta que la economía de escala se ha convertido en el punto más crítico para las empresas nacionales. En un entorno donde cada vez más competidores de alta calidad, como los fabricantes chinos, ingresan al mercado, las firmas locales deben lidiar con un desafío considerable. Estos gigantes asiáticos cuentan con el respaldo estatal que les permite ofrecer precios más competitivos, lo que dificulta aún más la capacidad de las empresas argentinas para mantener su participación en el mercado.
Fate, que se ha mantenido como la única marca argentina sin alianzas estratégicas con grupos internacionales, se enfrenta a una lucha constante por sobrevivir, produciendo neumáticos únicamente para el mercado local. Por su parte, Stellantis también enfrenta un obstáculo de escala al producir vehículos que, aunque cumplen con estándares de calidad, tienen menores niveles de exportación. Con Brasil como principal destino de las ventas automotrices argentinas, la creciente competencia de modelos compactos y SUV de origen chino ha puesto en jaque a modelos locales como el Peugeot 208 y el 2008, que han visto caer sus ventas en un contexto de transformación global.



