La situación crediticia en Argentina ha alcanzado niveles preocupantes, con un marcado estancamiento en el acceso al financiamiento por parte del sector privado. Desde mediados de 2025, el dinamismo de los créditos ha disminuido notablemente, alternando entre caídas y escasos crecimientos. Este escenario se ha intensificado tras el auge que experimentó a finales de 2024 y comienzos de 2025, lo que ha llevado a un clima de incertidumbre en el que las expectativas de recuperación se desvanecen cada vez más.
El contexto actual está signado por una elevada tasa de mora, que ha alcanzado cifras récord, lo que ha generado un impacto directo en la confianza de las entidades financieras. La baja calidad de los ingresos de las familias y la escasez de liquidez disponible para los sectores productivos y los hogares han limitado las oportunidades de financiamiento. Los deudores en problemas enfrentan un futuro incierto, mientras que el sector bancario, en lugar de convertirse en un motor de la economía, se muestra cada vez más reacio a asumir riesgos.
Expertos en economía sostienen que la clave de este fenómeno radica en un esquema monetario y cambiario que no ha logrado traducir la inyección de pesos del Banco Central en préstamos efectivos para el sector privado. En lugar de canalizar los fondos hacia la economía real, muchos de esos recursos terminan siendo utilizados para financiar al Tesoro nacional. Esta situación ha generado una desconexión entre la política monetaria y las necesidades del mercado crediticio, lo que ha llevado a los bancos a adoptar posturas más conservadoras.
El Banco Central, liderado por Santiago Bausili, ha adquirido más de 11.000 millones de dólares en un plazo de seis meses, lo que ha propiciado una inyección significativa de pesos en el sistema bancario. Sin embargo, como señala la economista Marina Dal Poggetto, el efecto de esta operación ha sido contraproducente; la expansión de depósitos en pesos, que alcanzó los 16,2 billones, no se ha trasladado a un aumento en los préstamos. En cambio, dicha liquidez se ha destinado mayormente a la compra de títulos del Tesoro, lo que ha dejado a la economía sin el impulso necesario para reactivar el consumo y mejorar la calidad de la cartera crediticia.
Los datos de Qualy Consultora refuerzan esta visión, indicando que el financiamiento bancario para las familias continúa en una tendencia a la baja. Al finalizar junio de 2025, el total de créditos otorgados a las familias se situó en 43.106.125 millones de pesos, lo que representa una disminución mensual del 1,9% y un retroceso interanual del 4,4%. Esto indica que la contracción del crédito no solo es un fenómeno reciente, sino que se ha prolongado en el tiempo, afectando la capacidad de las familias para acceder a financiamiento.
Además, el informe de Qualy destaca que el ajuste en el crédito al consumo se ha acentuado, alcanzando una reducción del 8,8% en comparación con agosto de 2025. Este descenso es más pronunciado en el segmento de tarjetas de crédito, que ha sufrido una caída del 11%, en comparación con los préstamos personales, que se han reducido en un 6,2%. La combinación de un entorno de costos financieros elevados con la cautela de las entidades bancarias ha llevado a que la demanda de crédito se mantenga deprimida, lo que a su vez ha erosionado la capacidad de repago de los deudores.
En resumen, la situación crediticia en Argentina enfrenta un panorama adverso, donde la combinación de un contexto económico incierto, una creciente mora y la falta de confianza en el sistema financiero dificultan el acceso a créditos. Sin una estrategia que permita revitalizar la demanda y facilitar el flujo de financiamiento hacia el sector productivo, las perspectivas de recuperación económica se presentan cada vez más desalentadoras.



