La situación laboral en Argentina continúa deteriorándose, evidenciada por el creciente auge del cuentapropismo, que se encuentra en niveles similares a los de la pandemia. Este fenómeno ha surgido como una de las pocas opciones laborales viables ante el cierre de empresas y la paulatina reactivación económica. Sin embargo, la expansión del trabajo independiente va de la mano con un alarmante descenso en la calidad del empleo formal, lo que refleja una pérdida estructural de derechos laborales en el país. Según datos del cuarto trimestre de 2025, la precarización del trabajo se ha convertido en una característica común del mercado laboral argentino, donde el empleo privado de calidad sigue retrocediendo, mientras que el cuentapropismo se consolida como una salida cada vez más recurrida por los trabajadores.

En los 32 aglomerados urbanos analizados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, se constató que alrededor de 13,5 millones de personas se encuentran ocupadas, de las cuales un 71,5% son asalariados y un 24,7% son trabajadores por cuenta propia. Este panorama evidencia un cambio significativo en la dinámica del mercado laboral, donde la caída del total de ocupados, que disminuyó un 0,7% interanual, equivale a la pérdida de más de 93.000 puestos de trabajo. Sin embargo, este descenso no afecta a todos los sectores por igual: mientras que los asalariados sufrieron una reducción del 1,8% (equivalente a 174.719 empleos menos), los cuentapropistas experimentaron un crecimiento del 3,2%, sumando más de 105.000 nuevos trabajadores.

Este cambio en la estructura laboral implica que se han perdido empleos estables y de calidad, que solían ofrecer beneficios como aportes jubilatorios, cobertura de salud, vacaciones pagas y aguinaldo, en favor de trabajos más precarios y sin garantías. La comparación con datos de 2016 subraya esta tendencia: el cuentapropismo ha aumentado 4,4 puntos porcentuales, mientras que los asalariados han retrocedido 3,8 puntos. En números absolutos, el número de cuentapropistas ha crecido de 2,33 millones en 2016 a aproximadamente 3,34 millones en 2025, lo que representa un aumento del 43,3%. En contraste, los asalariados solo aumentaron un 11,8%, de 8,64 millones a 9,66 millones.

El análisis de los diferentes aglomerados urbanos revela una heterogeneidad preocupante. En aquellos con un menor dinamismo económico, el cuentapropismo se ha convertido en una estrategia de subsistencia vital. Según los datos, Formosa encabeza la lista con un 34% de trabajadores por cuenta propia, seguida de cerca por San Nicolás y Mar del Plata, con un 30,9% y un 30,7% respectivamente. En estos lugares, el peso del empleo asalariado ha disminuido considerablemente, exacerbando la situación de precarización laboral.

En contraposición, en los mercados laborales más formales se observa una menor presencia de trabajadores autónomos. Por ejemplo, Ushuaia y Río Grande cuentan con solo un 13,4% de cuentapropistas, con más del 83% de asalariados, seguido por Río Gallegos y La Rioja, que también presentan cifras similares. Esta dicotomía entre aglomerados se vuelve más pronunciada al considerar que la tasa de informalidad dentro del empleo asalariado alcanzó el 36,3% en 2025, marcando un aumento notable tanto respecto al año anterior como a 2016. Este dato alarmante indica que más de un tercio de los asalariados carece de derechos laborales básicos.

La situación se torna aún más crítica en ciertos aglomerados, donde la informalidad supera el 50%. En Gran San Juan, por ejemplo, la informalidad supera el 54%, mientras que Concordia llega al 50%. Es importante señalar que incluso en los lugares donde se registra un crecimiento en la creación de empleo, la calidad de los puestos generados tiende a deteriorarse. Los informes indican que las áreas con mayor incremento de puestos de trabajo lo han hecho impulsados por el cuentapropismo y la informalidad, como es el caso de Río Gallegos y Gran Rosario, que han visto aumentos del 5,6% y 4,9%, respectivamente. Este contexto revela un panorama laboral complejo y desafiante, donde la precarización se convierte en un rasgo distintivo del actual mercado de trabajo argentino.