El consumo de carne vacuna en Argentina ha caído a cifras alarmantes, alcanzando niveles que no se veían desde hace dos décadas. Esta tendencia se ha intensificado debido a un contexto económico desfavorable, donde los precios de la carne han aumentado más rápidamente que la inflación y el poder adquisitivo de la población sigue afectado. Como resultado, muchos hogares argentinos están optando por alternativas más económicas, como el pollo y el cerdo, que están ganando cada vez más protagonismo en la dieta local.

Un informe elaborado por la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra) destaca que el consumo per cápita de carne vacuna se ha situado en 47,5 kilos anuales por persona, un dato que refleja una caída significativa en comparación con los niveles de consumo de hace dos décadas. La crisis del sector cárnico argentino se manifiesta en los primeros cinco meses de este año, donde la producción de carne vacuna alcanzó 1,168 millones de toneladas, lo que representa una disminución del 7,3% en comparación con el mismo periodo del año anterior.

En contraste con la disminución del mercado interno, las exportaciones de carne vacuna han mostrado un desempeño favorable. Entre enero y mayo, se enviaron al exterior aproximadamente 312.200 toneladas de carne, lo que implica un incremento del 5,1% en comparación con el año pasado. Este aumento en las exportaciones se debe, en gran medida, a la creciente demanda de carne argentina en Estados Unidos, lo que ha generado un mayor interés internacional por los productos cárnicos locales.

Sin embargo, el panorama para el consumo interno es preocupante. Ciccra ha señalado que la caída en el poder adquisitivo de las familias argentinas, sumada al aumento considerable de los precios de la carne vacuna en relación a otras fuentes de proteína, ha derivado en un notable descenso en la demanda. En términos absolutos, el consumo aparente de carne vacuna se estima en 855.750 toneladas entre enero y mayo, lo que representa una disminución del 11,1% en comparación con el año anterior. Esto se traduce en una reducción de 106.700 toneladas en el mercado interno respecto a 2025.

El descenso en el consumo también se refleja en el consumo per cápita, que ha caído un 6,1% interanual, lo que equivale a una disminución de 3,1 kilos por persona en comparación con el promedio de los últimos doce meses. Esta tendencia se ve impulsada por la evolución de los precios, ya que aunque en mayo los cortes de carne vacuna aumentaron apenas un 0,1% respecto al mes anterior, su incremento interanual ha sido del 57,9% en comparación con el 33,2% que muestra el Índice de Precios al Consumidor.

Por su parte, otras proteínas como el pollo y el cerdo han tenido incrementos más moderados, lo que ha llevado a muchas familias a modificar sus hábitos alimenticios. El pollo fresco ha registrado un aumento interanual del 38,9%, y el pechito de cerdo un 23,6%. Esto ha permitido que estas carnes se conviertan en las opciones preferidas para aquellos que buscan mantener su presupuesto en medio de la crisis económica actual.

A medida que el consumo de carne vacuna sigue disminuyendo, se plantea una interrogante sobre el futuro de la industria cárnica en Argentina. El cambio en los hábitos de consumo podría tener repercusiones significativas en el sector, que históricamente ha sido uno de los pilares de la economía nacional. La adaptación a esta nueva realidad será crucial para la supervivencia de los productores y la sostenibilidad de la cadena de valor en el mercado cárnico argentino.